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Parque nacional Hohe Tauern: rutas y qué ver en invierno

Todavía me acuerdo de aquel diciembre de 2019: tres días en el parque nacional Hohe Tauern, con nieve hasta las rodillas, botas  y la sensación de estar dentro de un paisaje demasiado perfecto para ser real.

La base del viaje fue Mittersill, un pueblo pequeñito que en diciembre parecía sacado de una postal. Las luces de Navidad colgaban de los balcones de madera y el humo de las chimeneas se mezclaba con el olor a frío, ese que solo tienen los pueblos de montaña. Me quedé en la Haus Kropf, una pensión familiar sencilla, con cortinas de flores y un desayuno que sabía a casa. Lo mejor era salir temprano: la calle en silencio, el aire que te pegaba en la cara y la nieve crujiendo bajo las botas… hasta que pasaba algún coche y rompía la magia de golpe.

Cómo llegar a Mittersill y al parque Hohe Tauern

Yo llegué en transporte público, encadenando trenes y un bus desde Alpbach, con parada en Zell am See. El trayecto es sencillo y os digo algo: ver el paisaje desde la ventanilla es casi parte del viaje. Para quienes vengáis desde Salzburgo o Innsbruck, lo más práctico es ir en tren hasta Zell am See y de ahí tomar el bus directo a Mittersill.

Moverse sin coche aquí es cómodo y barato, y además los buses paran en la entrada de muchas rutas del parque nacional de Hohe Tauern.

Qué hacer en Hohe Tauern

Tres días en el Hohe Tauern National Park dieron para mucho. Yo mezclé rutas intensas con paseos más tranquilos, y hasta un par de sorpresas que no esperaba.

Subida a las cascadas de Krimml

Uno de los primeros días fui a las cataratas de Krimml, una de las joyas del parque Hohe Tauern. El sonido del agua cayendo, mezclado con bloques de hielo, era brutal. Me paraba cada dos minutos a hacer fotos. Además, estuve sola durante todo el camino, sólo me crucé con dos personas en toda la mañana.

Ruta por el valle de Felbertal

Otro día me animé a explorar el valle de Felbertal, que me habían descrito como tranquilo y, la verdad, no exageraban. El sendero arranca suave, pegado al río Salzach, que en invierno va medio tapado de hielo. A ratos solo se oía el agua colándose por entre las piedras, un sonido bajito, como escondido.

Lo que más me sorprendió fueron los abetos, cargadísimos de nieve, con las ramas dobladas casi hasta el suelo. Caminaba y parecía que me fueran a cubrir de un momento a otro. El aire cortaba, ese frío que se te mete en la nariz y hace que respires más hondo sin querer.

En todo el camino me crucé con muy poca gente: una pareja mayor con bastones que me saludó con un “Grüß Gott” tímido, y un chico que pasó rápido, como si conociera de memoria cada curva. Y ya está. Esa casi soledad fue lo que me dejó huella: andar sin ruidos, solo con el crujido de la nieve bajo las botas, es raro de encontrar.

Yo hice unas tres horas ida y vuelta, sin prisas y parando cada poco para mirar atrás (y de paso recuperar el aliento). En verano me contaron que desde allí se ven los glaciares del Großvenediger al fondo, brillando con el sol, pero en diciembre lo que domina es esa calma blanca que lo cubre todo.

Cuando regresé a Mittersill tenía las manos heladas, pero en la cabeza me quedaba esa certeza de haber encontrado un rincón del parque donde la naturaleza manda, sin multitudes ni distracciones. Un lujo, vamos.

Paseo con raquetas en Mittersill

Cuando el cuerpo ya pedía descanso, me apunté a una excursión con raquetas organizada en Mittersill. Costaba unos 25 € y te llevaba un guía local a zonas más seguras, como Wasenmoos en el paso de Thurn. Me encantó escuchar al guía —con su mezcla de alemán e inglés— contarnos dónde vivían las marmotas o los rebecos. Fue fácil, bonito y diferente.

Panorama Trail: soñar con hacerlo entero

No lo hice completo porque exige varios días, pero el Hohe Tauern Panorama Trail me dejó con la espinita clavada. Une las cascadas de Krimml con Hüttschlag, pasando por picos con vistas espectaculares al Großglockner. Lo mejor es que se puede hacer por etapas, con teleféricos, buses o taxis de senderismo entre tramos. Una idea perfecta para quienes queráis combinar esfuerzo y comodidad.

Centro del Parque en Mittersill

Entre ruta y ruta, entré al Nationalparkzentrum en Mittersill. Es un museo interactivo con cine 360°, salas que simulan tormentas de nieve y hasta un vuelo virtual de águila. Reconozco que fui pensando en calentarme y acabé disfrutando como una niña. Entrada: 12 € aprox., y vale cada céntimo si os gusta aprender mientras descansáis.

Comer en Hohe Tauern y cenar en Mittersill

En invierno el hambre llega rápido. Mi primera parada fue el mercado navideño de Mittersill, con salchichas humeantes, quesos locales y vino caliente en cada esquina (que yo esquivé, porque el Glühwein y yo no nos llevamos bien). A cambio me pedí un chocolate denso que sabía a gloria.

Para cenar, probé el Braurup, donde el gulash me supo a abrazo después del frío. Otro día terminé en un restaurante tradicional cuyo nombre he olvidado —culpa mía—, pero lo encontraréis siguiendo el olor a schnitzel en el centro del pueblo.

Excursiones cercanas al parque nacional Hohe Tauern

Aunque no pertenece oficialmente al parque nacional Hohe Tauern, el Kitzsteinhorn en Kaprun merece un hueco en el viaje. Desde Mittersill podéis llegar en bus pasando por Zell am See. Arriba, a más de 3.000 metros, os espera el Gipfelwelt 3000, con plataformas panorámicas y vistas brutales al Großglockner y a las montañas del parque.

En invierno es un paraíso para esquiadores, pero incluso sin esquís merece la pena subir solo por la sensación de estar en la cima del mundo.

Lo que aprendí en Hohe Tauern

Entre cascadas heladas, caminos blancos y pueblos alpinos, entendí que el parque nacional Hohe Tauern no va de hacer checklists. Va de dejarse envolver por la montaña, de escuchar el silencio y de perderse sin agobio. Porque perderse en los Alpes, creedme, tampoco está tan mal.

Consejos prácticos para visitar Hohe Tauern

  • Duración ideal: mínimo 3 días.
  • Mejor época para visitarlo: en invierno para cascadas casi congeladas y paisajes nevados. En verano para senderismo verde y lagos.
  • Equipo: botas impermeables, crampones o raquetas en invierno (si subís alto), siempre ropa por capas.
  • Transporte: tren hasta Zell am See + bus a Mittersill. Fácil y barato.
  • Alojamiento: pensiones familiares como Haus Kropf son acogedoras y económicas.

Ana Fernández de Tejada

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