Todo empezó con un antojo muy simple: quería ver las cataratas Krimml en pleno invierno. Tenía la base en Mittersill y, desde allí, el plan era acercarme a uno de esos lugares que parecen inventados para recordarte lo pequeños que somos frente a la naturaleza.
Cómo llegar a Krimml
Yo fui en autobús desde Mittersill, un trayecto de unos 50 minutos que se me hizo casi hipnótico: ventanillas empañadas, montañas cada vez más cercanas y el murmullo bajo de los pocos pasajeros que bajaron antes. Cuando llegué a Krimml, el bus me dejó prácticamente sola en el pueblo, a un paso del inicio de la ruta.
Desde Zell am See también salen autobuses directos (algo más de una hora de viaje), aunque en invierno los horarios son más limitados, así que conviene mirarlos antes. Si venís desde ciudades grandes como Salzburgo o Innsbruck, tendríais que combinar tren hasta Zell am See o Mittersill y, desde allí, enlazar con el bus regional. Es un poco más largo, pero funciona bien si no queréis alquilar coche.
Ruta por las cataratas de Krimml
La caminata completa hasta el tercer nivel lleva unas 2,5 horas (ida y vuelta). En invierno podéis tardar más por el hielo, pero merece la pena no quedarse solo en el primer salto. La entrada a las cascadas cuesta 5 € en verano; en diciembre, al no haber taquilla, se accede libremente. Eso sí, id preparados con calzado adecuado, agua y algo de picar porque no encontraréis nada abierto.
Primer tramo: el sendero entre bosques
El camino comienza junto al aparcamiento (costaba la entrada 5 €, aunque en invierno no había taquilla y podías pasar gratis). El sendero está muy bien señalizado, con carteles que indican el tiempo hasta cada nivel de la cascada (no tiene pérdida, vamos). Al principio es un camino ancho, rodeado de pinos cargados de nieve. Lo curioso es que lo primero que se nota no es la vista, sino el sonido: ese rugido de agua que ya se escucha desde bastante antes, cuando aún no has divisado la cascada.
Entre las ramas se empezaba a ver la cortina blanca cayendo. Paré varias veces a hacer fotos, aunque cada vez que me quitaba los guantes pensaba lo mismo: “esto es una mala idea”. El frío era intenso, pero merecía la pena, y una vez comienzas a caminar, se va pasando.
El impacto de la primera vista
De pronto, pasé una curva y ahí estaba: la catarata Krimml en todo su esplendor. El agua caía con fuerza, pero parte del lateral estaba congelado, como si alguien hubiera pintado un mural de hielo. Me quedé en silencio unos segundos, simplemente mirando. El único sonido era el de la cascada.
No había nadie alrededor. Ni voces, ni risas, ni pasos; solo yo. Más de 380 metros en tres saltos, la cascada más alta de Austria, solo para mí. En verano debe de ser un bullicio de visitantes; en invierno, en cambio, es un espectáculo íntimo, como si estuviera reservado solo para vosotros.
Subida al segundo nivel
El sendero sigue en zigzag hacia el segundo tramo. El suelo estaba lleno de nieve ya aquí. Si venís en invierno, os recomiendo un sobrepantalón impermeable para la nieve.
El esfuerzo mereció la pena. Cuanto más subía, más cambiaba la perspectiva: el agua se veía más lejana, pero el valle nevado se abría a mis pies. Me senté en un banco de madera, saqué la cantimplora y me quedé allí escuchando. Ni un coche, ni un pájaro, ni un murmullo. Solo agua y aire frío.
Último tramo: el salto superior
El tercer nivel fue el más exigente. El sendero estaba bastante cubierto de nieve y las huellas se perdían por momentos. Dudé un segundo: “¿sigo o me doy la vuelta?”. Seguí. Y mereció la pena.
Arriba el paisaje era sobrecogedor: el río antes de precipitarse, rodeado de un bosque inmóvil. Miré alrededor y me di cuenta de lo extraordinario que era estar completamente sola en un lugar así. Esa mezcla de vértigo y privilegio, de miedo y calma, que solo aparece cuando no hay testigos.
Comer en Krimml
Aquí no hay misterio: en diciembre no encontré dónde comer. Todo estaba cerrado. Así que improvisé con un bocadillo en el bus de vuelta, con las botas todavía húmedas y el cuerpo cansado. En verano sí hay restaurantes y gasthofs, pero en invierno, mejor llevar provisiones.
Consejos prácticos para visitar las cataratas Krimml
- Mejor época: primavera y verano por el caudal; invierno por la soledad y la magia del hielo.
- Calzado: botas de montaña y buen equipo.
- Duración: 2-3 horas la ruta completa, con paradas para fotos.
- Aparcamiento: 5 €, justo al inicio del sendero (si vais en coche).
- Acceso: en verano se paga entrada (5 € adultos); en invierno es gratuito.
- Comida: en invierno, llevad vuestra propia provisión.












