La primera vez que pisé Berlín llevaba en la cabeza la típica imagen de salchichas y cerveza. Confieso que iba con ese cliché bien asentado, pero fue precisamente en esa ciudad donde me di cuenta de que la gastronomía alemana va muchísimo más allá de lo que todos pensamos. ¿Quién iba a decir que me esperaba un mundo culinario tan diverso?
Durante mis viajes por el país germano he descubierto que cada región tiene sus propias peculiaridades gastronómicas. Lo que más me sorprendió fue encontrar una cocina que da valor real a los ingredientes frescos y que cada zona presume de especialidades completamente diferentes.
Es cierto que existen muchas variedades de salchichas (creedme, he probado unas cuantas), pero la realidad es que los platos típicos de Alemania son increíblemente variados. He aprendido que cualquier comida alemana que se precie viene acompañada de cerveza y de su pan artesanal (la panadería alemana es realmente todo un arte). Algo que también me llamó la atención fue descubrir la cantidad de alemanes vegetarianos que hay, aunque la mayoría de platos tradicionales lleven carne.
Desde el codillo de cerdo (uno de mis debilidades) hasta la repostería alemana con sus infinitas variedades de panes y dulces, comer en Alemania se convierte en toda una aventura que merece la pena vivir.
En este artículo os voy a contar los 12 platos imprescindibles que tenéis que probar cuando visitéis este país. Conoceréis la auténtica comida alemana típica, sus orígenes, cómo se sirve tradicionalmente y dónde encontrarla. Os aseguro que después de leer esto cambiaréis por completo esa imagen de salchichas con mostaza y cerveza.
1. Codillo al horno (Schweinshaxe)
Recuerdo perfectamente ese momento en una cervecería de Múnich cuando vi llegar a la mesa de al lado un Schweinshaxe. Mi primera reacción fue pensar: «¿cómo va alguien a comerse semejante monstruosidad?». Pero tras probarlo por primera vez, puedo decir que es uno de los platos típicos de Alemania que más me ha marcado.
Cómo se sirve tradicionalmente
En Múnich, los codillos pueden llegar a pesar más de un kilo, por lo que su presentación es bastante espectacular. En estos casos, están diseñados para compartir entre dos o tres personas, aunque he visto alemanes que se los ventilan ellos solos.
Hay una cosa que me encanta del codillo de cerdo alemán: esa piel dorada y crujiente que contrasta con la carne tierna del interior (simplemente deliciosa). Durante mi ruta por los Alpes Alemanes y Austriacos, el camarero de uno de los restaurantes en los que comí me contó el secreto del plato: el marinado lleva cerveza tostada, ajo y especias que le dan ese sabor tan característico.
Una curiosidad que descubrí en Berlín: allí lo llaman Eisbein y lo acompañan con puré de guisantes. Pero donde realmente es típico es en las cervecerías bávaras, servido junto a una jarra de cerveza Oktoberfest de litro, perfectas para acompañar una comida tan copiosa.
Con qué se acompaña
La chucrut es el acompañamiento perfecto al codillo y las salchichas alemanas. Su ligera acidez y el hecho de estar fermentada corta la grasa del cerdo y refresca un poco entre bocado y bocado (necesario, creedme). También he probado versiones con rotkraut, que es chucrut hecho con col roja.
Las patatas aparecen de mil formas diferentes: desde puré cremoso (perfecto para recoger la salsa del asado) hasta esos knödel que tanto me gustan, pasando por patatas asadas con romero.
En mi última visita a Múnich, en pleno Oktoberfest, el camarero me trajo un pretzel recién salido del horno para mojar en la salsa codillo (aunque yo me lo comí solo, estaba buenísimo). Y no puede faltar la mostaza dulce bávara, cremosa y con ese toque caramelizado que realza la carne.
Como curiosidad, os diré que durante el Oktoberfest se sirven más de 400.000 codillos en apenas dos semanas. Increíble, ¿no?
2. Chucrut (Sauerkraut)
La chucrut o Sauerkraut es uno de esos alimentos que, aunque se sirvan de acompañamiento, deben tener una entidad propia. La primera vez que la probé fue de pequeña, ya que mi abuela, como francesa, también la servía con platos de carne.
Qué es y cómo se elabora
El chucrut es col fermentada, principalmente col blanca cortada en tiras finas y sometida a fermentación láctica.
Para elaborarla, se corta la col en tiras muy finas, se añade sal (aproximadamente un 2% del peso del repollo) y se masajea enérgicamente para que suelte sus jugos. La magia ocurre cuando esos jugos forman una salmuera natural donde las bacterias acidófilas transforman los azúcares en ácido láctico.
Y no, no lleva vinagre: la acidez proviene completamente de la fermentación natural. Algunas familias alemanas añaden especias como eneldo, pimienta negra, alcaravea o bayas de enebro. Sea como sea, es simplemente deliciosa.
Por qué es tan común en Alemania
Curiosamente, no nació en Alemania como muchos creemos, sino que probablemente llegó desde China hace más de 2.000 años.
En el siglo XVIII, la chucrut se convirtió en un alimento imprescindible para los marineros, ya que evitaba el escorbuto gracias a su alto contenido en vitamina C. ¡Incluso el explorador James Cook lo introdujo en los menús de sus largos viajes en 1772!
En el Oktoberfest (y durante todo el año), el chucrut nunca falta como acompañamiento. Aunque hoy lo encontramos en supermercados, las versiones industriales suelen estar pasteurizadas, perdiendo muchos de sus beneficios probióticos originales.
3. Pretzels (Bretzel)
Desde que puse un pie en Múnich por primera vez, esos lazos dorados y retorcidos me persiguieron en cada esquina. El pretzel o bretzel se convirtió rápidamente en más que un simple pan: es todo un símbolo de la comida alemana típica que no puedes evitar. ¿Cómo puede algo tan sencillo tener tantas formas y sabores diferentes?
Diferencias entre tipos de pretzels
Durante mis viajes por diferentes regiones alemanas me di cuenta de que no todos los pretzels son iguales. Existen principalmente dos grandes familias: los pretzels suaves y los pretzels duros. Los suaves (mi debilidad absoluta) tienen esa textura esponjosa por dentro que contrasta con la corteza ligeramente crujiente. Os recomiendo probarlos calientes con mostaza, aunque también están deliciosos con kétchup.
Los pretzels duros surgieron por puro accidente en el siglo XVII cuando un ayudante de panadero se quedó dormido durante la cocción. El resultado fue tan bueno que se quedó como la receta alternativa a los blandos desde ese momento.
En Baviera los llaman «Brezen» y tienen esos brazos gruesos tan característicos con la corteza bien rasgada. Sin embargo, en Suabia prefieren los «Brezel» con mangas mucho más finas y crujientes. Incluso descubrí el «Brätschl» de Baden, que se corta en rodajas finas de una forma muy particular.
Además del clásico, encontraréis otros productos hechos con la misma masa: los Pretzel Roll (pequeñas bolas redondas), Pretzel de queso con esa cobertura crujiente irresistible, y Pan de pretzel en forma de bastones.
Cómo se comen y dónde encontrarlos
Los pretzels cambian dependiendo de donde estés, tanto por regiones de Alemania como en panaderías o restaurantes de una misma ciudad. En Múnich me encantó el de mantequilla y cebollino, aunque muchos alemanes los prefieren con queso crema. Paseando por Frankfurt descubrí que las panaderías los venden cortados por la mitad como pequeños bocadillos rellenos de quesos alemanes, conservas o salchichas ¡están riquíiiiisimos!
Si tenéis debilidad por lo dulce, también existen versiones aromatizadas con canela, vainilla o incluso bañados en chocolate. En el suroeste de Alemania tienen el «Fastenbrezeln«, un pretzel especial que hornean durante los 40 días de Cuaresma.
¿Dónde encontraréis los más auténticos? Visitad siempre panaderías tradicionales alemanas o, mejor aún, en las cervecerías bávaras; en estas últimas os los sirevn, además, recién hechos (en general). En Múnich siempre vienen acompañados de una buena cerveza en los biergartens. Y si tenéis la suerte de probar el típico desayuno bávaro «Weißwurstfrühstück«, os lo servirán con la tradicional salchicha weisswurst y mostaza. Una combinación que no olvidaréis fácilmente.
4. Kartoffelsalat y Kartoffelsuppe
Si hay un ingrediente que he visto brillar en cada rincón de Alemania, ese es la patata. Durante mis viajes por el país germano, me topé con dos preparaciones que convierten este humilde tubérculo en auténtico arte culinario: el Kartoffelsalat y la Kartoffelsuppe.
Ensalada de patata
La primera vez que probé Kartoffelsalat fue en una pequeña cervecería de Múnich, donde el camarero me dijo algo que no olvidaré: «hay tantas versiones de Kartoffelsalat como alemanes en el mundo». Y vaya si tenía razón.
Esta ensalada de patata alemana tiene raíces profundas en la cocina tradicional, aunque cada región presume de su propia interpretación. En Suabia descubrí la versión que más me conquistó: patatas cocidas cortadas en láminas finas, aliñadas con vinagre, sal y pimienta, y aderezadas con caldo de carne y mostaza.
Lo curioso es que en el sur se toma en general con vinagreta, mientras que en el norte se elabora con mayonesa. Algunas veces se incorporan tocino crujiente, cebolla picada, pepinillos en vinagre e incluso manzana (siempre de forma acertada).
Un detalle que me encantó es que los alemanes la sirven tradicionalmente en Navidad acompañada de salchichas. Una combinación perfecta para combatir el frío.
Sopa de patata
La Kartoffelsuppe se convirtió en mi salvavidas durante mi viaje por los Alpes Alemanes y Austriacos. Aunque la llamen sopa, en realidad es más bien una crema espesa bien bien sabrosa. Súper reconfortante para los días de frío.
Lo que más me gusta es cómo cada familia tiene su toque personal. En Baviera la probé acompañada de Dampfnudeln (unos bollos al vapor deliciosos) o Zwetschgenkuchen (pastel de ciruelas). En otras regiones le añaden salchichas Frankfurt, dándole ese toque de proteína tan alemán.
Mi versión favorita la descubrí en una pequeña taberna de Berlín: una kartoffelsuppe espesa con trocitos de patata y zanahoria, decorada con perejil fresco y rodajas de salchicha. Un plato típico de Alemania que calienta tanto el cuerpo como el alma en esas tardes berlinesas de invierno.
5. Salchichas alemanas (Wurst)
Ya sabía que Alemania tenía fama por sus salchichas, pero no me imaginaba que existieran más de 1.500 variedades diferentes. Durante mis recorridos por el país germano me propuse probar tantas como mi estómago permitiera, y os puedo asegurar que fue toda una aventura gastronómica.
Bratwurst
La Bratwurst es, sin duda, la salchicha alemana que más reconocemos fuera de sus fronteras. Aunque algo que seguro no sabéis es que este término abarca más de 40 variedades distintas a lo largo del país, elaboradas principalmente con carne de cerdo, ternera o una mezcla de ambas.
La palabra Bratwurst proviene del antiguo alemán «brat» (carne sin desperdicios) y «wurst» (salchicha), y que tiene orígenes que se remontan al siglo XIV. Los celtas fueron quienes la crearon, aunque los francos la desarrollaron posteriormente.
La forma tradicional de comerla es en un panecillo crujiente con mostaza, aunque en algunas regiones la acompañan con chucrut o ensalada de patata. Cuando la probé a la parrilla en Baviera y escuché cómo crujía al morderla, entendí perfectamente por qué los alemanes están tan orgullosos de ella.
Currywurst
El Currywurst es más bien un plato completo que un tipo de salchicha. Su historia es curiosa: surgió en 1949 gracias a Herta Heuwer, quien en la Berlín de posguerra consiguió curry en polvo de soldados británicos y lo combinó con salsa de tomate para cubrir una Bratwurst hervida y luego frita.
Visitando el Museo del Currywurst en Berlín aprendí que los alemanes consumen ¡800 millones de currywurst al año! Se sirve cortada en rodajas, bañada en esa salsa especiada y espolvoreada con curry, acompañada casi siempre de patatas fritas.
Weisswurst
La Weisswurst o «salchicha blanca» es la joya de Baviera. Mientras desayunaba en Múnich, el camarero me explicó que esta delicada salchicha se elabora con carne de ternera, tocino de cerdo y especias como perejil, limón, jengibre y cardamomo, todo embutido en una fina tripa.
Lo más curioso es que tiene su propio horario: los bávaros tienen un dicho que afirma que «la Weisswurst no debe oír las campanadas del mediodía», es decir, hay que comerla siempre antes del mediodía. Se sirve tradicionalmente con mostaza dulce bávara, pretzel y cerveza de trigo.
6. Schnitzel
Nada más llegar a Berlín tenía claro qué iba a pedir para comer: un schnitzel. Estaba convencida de que era un plato completamente alemán, pero después descubrí que me había equivocado por completo. Su historia resultó ser mucho más fascinante de lo que imaginaba.
Origen y variantes
El schnitzel es, básicamente, un filete fino de carne empanada que se fríe hasta conseguir ese dorado perfecto y crujiente. La técnica consiste en machacar la carne hasta dejarla muy delgada, lo que garantiza una cocción rápida y una textura tierna. Aunque todos lo asociamos con la gastronomía alemana, el Wiener Schnitzel (escalope vienés) es originario de Austria y está protegido por ley austriaca, que exige que se prepare exclusivamente con carne de ternera.
Durante mis viajes por Alemania descubrí que allí la versión más popular es el Schweineschnitzel, elaborado con chuletas o lomo de cerdo. Es más económico que la versión austriaca pero igual de delicioso. También me encontré con el Jägerschnitzel (schnitzel de cazador), que viene con una salsa de champiñones que me conquistó, y el Zigeunerschnitzel, acompañado de una salsa picante de pimientos.
En Berlín probé una variedad curiosa: el Schnitzel Holstein, que es una fritura de ternera empanada con un huevo frito encima, típica de esa zona. Para los que prefieren opciones más ligeras, existe el Hähnchenschnitzel, hecho con pechuga de pollo.
Dónde probarlo
Si vais a Múnich, os recomiendo el Gasthaus Maxhof. Varios locales me aseguraron que allí sirven los mejores schnitzel de la ciudad, así que allí que me fui. También me encantó el Steinheil 16, con un ambiente muy acogedor y precios razonables.
En Hamburgo pedí un Wiener Schnitzel que resultó ser espectacular, servido de la manera tradicional con una rodaja de limón para exprimir sobre la carne.
Los restaurantes más elegantes de Austria, como el Meissl & Schadn (que también tiene sucursal en Múnich), fríen sus schnitzels en mantequilla clarificada y los sirven con una guarnición que incluye ensalada, mermelada, perejil, alcaparras, huevo y filetes de anchoa.
Durante mi última visita a Alemania me sorprendieron las versiones más creativas: schnitzel en bocadillo o cubierto de queso con patatas fritas. Una forma muy auténtica de probarlo es pedirlo en el mostrador de delicatessen del supermercado como «Schnitzelsemmerl».
7. Spätzle
Una tarde cualquiera paseando por Stuttgart, me topé con algo que cambió por completo lo que pensaba sobre la pasta alemana: los spätzle. ¿Quién iba a decir que en el sur de Alemania harían una pasta tan peculiar y deliciosa?
Qué es y cómo se prepara
Los spätzle son la pasta tradicional de Suabia, y no exagero si digo que aquí es casi imposible sentarse en una mesa familiar y que no aparezcan en algún momento. Da igual si es comida de domingo, cena improvisada o celebración: siempre están. Y cuando me contaron que su nombre significa “pequeños gorriones”, sonreí… pero fue verlos caer al agua hirviendo cuando todo cobró sentido. Esos pegotes irregulares, saltando y moviéndose, parecían pajarillos chapoteando. Tal cual.
La receta, además, me dejó un poco descolocada por lo simple que es: harina, huevos, sal y agua. Fin. Nada de florituras. Aunque, eso sí, muchas familias le añaden un toque de nuez moscada —y aquí confieso que caí rendida, porque amo la nuez moscada—. Pequeño detalle, gran diferencia.
Lo más curioso viene con la técnica. Esa masa blanda, bastante difícil de manejar, se pasa por un colador especial, el spätzlera, directamente sobre el agua hirviendo. En nada de tiempo, los spätzle suben a la superficie y ya se pueden ir sacando del agua, uno a uno.
Käsespätzle: versión con queso
Mi debilidad absoluta son los Käsespätzle. La primera vez que los probé fue en una pequeña taberna familiar en Alpbach, un pequeño pueblo de Austria (sí, de allí también son típicos) y desde entonces no he parado de pedirlos durante mis estancias en Alemania.
Este plato combina los spätzle recién hechos con capas generosas de queso Emmental o Bergkäse que se derrite creando esos hilos perfectos al comer. Por encima, le echan cebolla frita casera, cosa que le da una textura y sabor perfectos.
En Suabia los acompañan con ensalada de patata, mientras que en Algovia prefieren añadir cebolleta fresca y hojas de lechuga.
8. Rinderroulade
El Rinderroulade son unos rollitos de ternera rellenos que se han convertido en uno de mis platos típicos alemanes favoritos.
Suelen estar rellenos de panceta, cebolla y pepinillos en vinagre, aunque parece ser que cada familia alemana guarda sus propios secretos. Los filetes, tras esto, se sazonan con sal, pimienta y mostaza para darles ese sabor tan característico.
Durante mi escapada por Austria, me sorprendió encontrar una variante donde sustituían la panceta y el pepinillo por zanahoria rallada. Una alternativa deliciosa que, al menos, lo aligera un poco (ya conocéis un poco la cocina alemana).
Salsas típicas
La verdadera magia del Rinderroulade está en su salsa. Después de dorar bien los rollitos, se prepara una base sofrita con cebolla, zanahoria y apio. Luego se incorpora harina, caldo de ternera y vino tinto alemán, junto con hojas de laurel y ramitas de tomillo.
Os recomiendo probarlo un domingo en cualquier restaurante tradicional alemán.
9. Fischbrötchen
Fue una mañana brumosa en Hamburgo cuando me topé por casualidad con el Fischbrötchen junto al puerto pesquero. Me llamó la atención ver cómo los locales hacían cola impacientes en un pequeño puesto, esperando su desayuno marítimo. Este sencillo bocadillo representa perfectamente la comida típica del norte de Alemania.
Qué pescado se usa
Aquí el auténtico protagonista del sándwich es el pescado, sin discusión. Lo más habitual es el arenque encurtido o marinado, aunque según el puesto también lo encontráis con sardinas, salmón, caballa y otros pescados muy del norte, de esos que saben a mar frío y a tradición. Yo, que siempre pregunto (y siempre me enrollo), acabé charlando con el señor del puesto y me explicó que hay dos versiones claras.
La primera y más “contundente” es con pescado frito y rebozado; luego está la más tradicional, la de toda la vida, con el pescado marinado, acompañado de pepinillos y cebolla encurtida.
Durante mi visita al Fischmarkt (mercado de pescado), descubrí incluso variantes con camarones. Mi favorita, sin duda, fue la de arenque Bismarck, curado en vinagre, azúcar, sal y cebolla.
Por qué es típico del norte
Este bocadillo es emblema del norte alemán por su proximidad a los mares Báltico y del Norte. Hamburgo, principalmente dedicada a la pesca, es donde más se consume. El Fischbrötchen apareció a principios del siglo XX, quizás inspirado en el Fish & Chips británico, pero se popularizó en toda Alemania con la Feria de Hannover en 1947.
Mientras lo degustaba junto al puerto, con el aroma salino del mar de fondo, entendí por qué es imposible visitar el norte de Alemania sin probarlo.
10. Berliner (Krapfen)
Recuerdo perfectamente aquella mañana fría de febrero en Múnich cuando entré a una pastelería y pedí un «Berliner». La dependienta me miró extrañada y me corrigió: «Aquí les llamamos Krapfen«. Fue mi primera lección sobre este dulce que cambia de nombre según donde te encuentres en Alemania.
Se trata de una bola de masa frita (muy parecida a nuestros buñuelos pero con relleno) que, como os decía, cambia de nombre dependiendo de la región: en el norte les dicen «Berliner Pfannkuchen», en el este simplemente «Pfannkuchen», y en Baviera y Austria son los «Krapfen».
Rellenos más comunes
Lo primero que me llamó la atención fue la variedad de rellenos. La versión tradicional está rellena con mermelada, pero cada región tiene sus preferencias. En el norte se decantan por la mermelada roja, en el sur prefieren la de albaricoque y en el este la de ciruela. También existen rellenos de crema pastelera, chocolate o nata, aunque yo me quedo con los auténticos.
Cuándo se suelen comer
Aunque podéis encontrarlos todo el año en las panaderías alemanas, brillan especialmente durante el Carnaval o «Fasching». El momento álgido es el martes anterior al miércoles de ceniza, el «Faschingsdienstag».
Esta tradición proviene de la Edad Media, cuando estos dulces calóricos servían para coger fuerzas antes del ayuno de Cuaresma. También son típicos durante el invierno alemán y en Año Nuevo, donde a veces (siguiendo esa tradición bromista) los rellenan de cebolla en lugar de dulce.
11. Bebidas típicas de Alemania
Después de todos estos platos contundentes, toca hablar de lo que realmente acompaña a la comida alemana. Durante mis viajes por Alemania he aprendido que la cultura de la bebida es tan rica como su gastronomía, y cada estación tiene sus protagonistas.
Cerveza
Os aseguro que la variedad de cerveza alemana os va a sorprender. Alemania presume de más de 5.000 tipos diferentes de cerveza, producidas en aproximadamente 1.500 cervecerías, más de la mitad ubicadas en Baviera. Los alemanes consumen 131,7 litros por persona anualmente.
En el norte, domina la Pilsner con una cuota de mercado del 70%, mientras que en Baviera la estrella es la Helles, una cerveza lager pálida que sirve la totalidad de las cervecerías tradicionales de Múnich. Si visitáis Colonia, no os podéis perder la Kölsch, la especialidad local, tan protegida que sólo 24 cervecerías de la región pueden elaborarla. En la zona de Düsseldorf, la cerveza típica es la Altbier, de color ámbar y sabor astringente.
Glühwein
El vino caliente alemán se prepara con especias como canela, clavo y cáscara de naranja, y suele tomarse en invierno, por supuesto, y más concretamente alrededor de Navidad.
Una señora mayor en Núremberg me enseñó que nunca debe hervir, ya que se evaporaría el alcohol. También descubrí que en el norte existe una versión con vino blanco que llaman «foca caliente» (heißer Seehund). Merece la pena probarlo en cualquiera de los mercados navideños alemanes.
Weinschorle
Para los días de calor, los alemanes tienen la solución perfecta: el Weinschorle. Esta refrescante mezcla de vino blanco con agua con gas, generalmente en proporción 1:1 o 2:1, es mucho más ligera que el vino puro.
Os recomiendo probarla en los festivales al aire libre donde realmente brilla como la bebida perfecta para combatir el calor estival.
12. Dulces y repostería alemana
Entrar en una pastelería alemana es como descubrir un tesoro escondido. Mientras todo el mundo habla de la cerveza y las salchichas alemanas, yo me quedé absolutamente fascinada por su repostería. ¿Quién iba a decir que los alemanes eran unos maestros de los dulces?
Apfelstrudel
Puedo decir que este es mi postre alemán favorito. Cada vez que voy a Alemania, tengo obsesión por pedirlo todo lo que puedo. La primera vez que probé un Apfelstrudel fue en una pequeña cafetería de Munich, y confieso que pensaba que era algo típicamente austríaco. Pero resulta que este postre con su finísima masa de hojaldre envolviendo manzanas, pasas y canela también forma parte de la tradición alemana.
Lo que me enamoró fue la forma de servirlo: caliente, acompañado de helado de vainilla o con esa deliciosa salsa cremosa que se derrite al contacto con el calor del dulce. Os recomiendo probarlo recién hecho, porque la diferencia es abismal.
Tarta Selva Negra
Si hay un postre alemán conocido mundialmente, ese es la Tarta Selva Negra o Schwarzwälder Kirschtorte. Durante mi visita a Baden-Württemberg, la región de donde procede, me explicaron que no se trata de una simple tarta de chocolate con cerezas.
Este icono de la repostería alemana lleva varias capas de bizcocho de chocolate empapadas en kirsch (licor de cerezas), intercaladas con nata montada y cerezas. Su decoración inconfundible, con virutas de chocolate cayendo sin orden perfecto y cerezas asomando entre capas, hace que la tarta parezca casi demasiado bonita para comérsela. Casi. Porque claro… al final siempre se come. Y se disfruta.
Sobre su origen, aquí cada uno tiene su versión, como pasa con todas las recetas míticas. Algunos defienden que fue Josef Keller, allá por 1915, quien dio con la fórmula casi por casualidad. Otros, en cambio, prefieren pensar que nació de manera natural, ligada a esa región montañosa llena de cerezos, donde el chocolate, la fruta y la nata simplemente tenían que acabar encontrándose.
Baumkuchen
El Baumkuchen o «pastel de árbol»puede que sea uno de los postres con una elaboración más costosa. Su nombre viene de las capas que, al cortarlo, recuerdan los anillos de un tronco. Se elabora vertiendo una masa sobre un soporte giratorio cerca de una fuente de calor, para que se vaya haciendo poco a poco, aplicando capas sucesivas que deben estar completamente cocidas antes de añadir la siguiente. Bastante tedioso, la verdad.
Este meticuloso proceso da como resultado un pastel esponjoso que se sirve tradicionalmente en Navidad, Año Nuevo y bodas alemanas.
Un viaje por la gastronomía alemana
Después de numerosos viajes a las diferentes regiones de Alemania, he conseguido probar una buena cerveza en un biergarten, perderme en un mercado de pescado del norte (me encantan los mercados) y probar un pretzel recién hecho por la calle. Y todo esto me dice que la comida alemana es mucho más variada de lo que pensamos en un primer momento.
Siempre digo lo mismo: un país no sólo se conoce a través de sus monumentos o su historia; la cocina también cuenta gran parte de la historia y costumbres de cada región. Si lo que queréis es conocer realmente Alemania, tenéis que hacerlo a través de su mesa. No os perdáis los pequeños restaurantes familiares, ya que son lo más auténtico que os encontraréis. Y luego están las cervecerías, claro. Entrar, sentarte en una mesa de madera compartida y que te planten delante un pretzel recién horneado, todavía templado, acompañando una cerveza local bien tirada.
Pedid recomendaciones a los locales, entrad en esa panadería de esquina que huele a canela, probad esa salchicha que nunca habíais visto.
Aunque vuestro estómago necesite unas vacaciones después de tanta abundancia (os lo digo por experiencia), os aseguro que cada bocado habrá valido la pena. Como dicen los alemanes: «Liebe geht durch den Magen» – el amor pasa por el estómago. Y Alemania, con toda su riqueza culinaria, me ha conquistado por completo.












