Una mañana en Garmisch, durante mi viaje por los Alpes, con el frío todavía clavado en las montañas, decidí que quería algo distinto: menos teleféricos y más historia. Y ahí apareció el monasterio de Ettal, con su mezcla de espiritualidad, frescos barrocos y… sí, cerveza de abadía.
No tardé mucho en llegar. El bus serpenteaba entre casitas bávaras y bosques. Y de repente, el valle se abrió y apareció ante mí la cúpula verde de la abadía de Ettal, brillante contra el cielo despejado.
Cómo llegar a Ettal
Yo me moví en transporte público desde Garmisch-Partenkirchen: un tren rápido hasta Oberau y, desde allí, el bus que sube directo a Ettal. Entre trasbordo y paisaje alpino, no se me hizo nada largo; de hecho, casi me supo a excursión en sí.
Si os animáis, tenéis varias opciones:
- Desde Garmisch-Partenkirchen: tren a Oberau + bus local (total 25-30 min). También hay buses directos en algunos horarios.
- Desde Oberammergau: bus directo al monasterio en unos 10 min.
- Desde Múnich: tren hasta Oberau (1 h 15 min aprox.) + bus local hasta Ettal. En coche serían unos 90 min por la autopista A95.
- En coche particular: aparcamiento gratuito junto al monasterio, cómodo y bien señalizado.
- En excursión organizada: muchas salen de Múnich y combinan Ettal con Oberammergau o el castillo de Linderhof.
Introducción al pueblo, la abadía y un poco de historia
El pueblo de Ettal, en Baviera, es pequeño, apenas unas calles con casas tradicionales y vistas de postal. Pero todo gira alrededor del monasterio de Ettal, fundado en 1330 por Luis IV de Baviera tras volver de Roma. Dice la historia que el emperador trajo consigo una estatua de la Virgen y decidió levantar allí un centro espiritual.
Lo curioso es que, siglos después, los monjes benedictinos siguen viviendo y trabajando aquí (elaboran cerveza). El complejo ha sobrevivido a incendios, guerras y reformas barrocas, y hoy luce una iglesia central impresionante. Entrar por el arco es como viajar atrás en el tiempo: olor a piedra húmeda, campanas marcando las horas y turistas bajando la voz sin que nadie se lo pida.
Qué hacer en el Monasterio de Ettal y cómo organizar la visita
Yo empecé por la iglesia. La entrada es gratuita y abre todos los días (de 10:00 a 17:00 en invierno, hasta las 18:00 en verano). En cuanto crucé la puerta, el fresco del techo me dejó con la boca abierta: colores intensos, ángeles flotando y una cúpula tan alta que te hace sentir hormiga.
Después me acerqué al Klosterladen, la tienda del monasterio. Si os gustan los recuerdos auténticos, este es el sitio: licores de hierbas, miel, jabones naturales y libros. Y claro, yo… terminé comprando un licor benedictino “para regalar”. Aún sigue en mi estantería.
Otra parte interesante son la destilería y la quesería, que podéis visitar pagando unos 8 € (incluye degustación). Yo probé un queso suave con pan negro que estaba espectacular. El recorrido dura media hora y durante él os explican cómo los monjes elaboran todo, desde los quesos a la cerveza, todo de manera tradicional.
En total, la visita al conjunto lleva entre dos y tres horas. Si vais en verano, podéis añadir un paseo por los senderos de alrededor. En invierno, con la nieve cayendo despacio sobre los tejados, basta con caminar por el recinto.
Cervezas de Ettal
Y aquí viene lo mejor: la cerveza. Los monjes llevan elaborándola desde el siglo XVII y todavía siguen fieles a la Ley de Pureza Bávara de 1516. Yo pedí una Ettaler Helles, rubia y ligera, en la cervecería frente al monasterio. La jarra llegó fría, con espuma generosa, y al primer trago entendí por qué esta cerveza tiene tanta fama en Ettal, Alemania.
Si sois más de sabores intensos, probad la Dunkel, oscura y con toques de caramelo. Os aseguro que después de la solemnidad de la iglesia, sentarse al sol con una jarra en la mano es casi un acto de fe.
Comer en la zona
Yo me quedé a comer en la misma cervecería. El menú no engaña: codillo, schnitzel, salchichas y mi elección del día, un käsespätzle (pasta casera con queso fundido y cebolla frita). Calórico, sí. Pero creedme: después de toda la mañana y con el frío como compañero, entraba solo.
En Oberammergau, a 5 minutos en coche, tenéis opciones más modernas si os apetece variar. Pero la experiencia de comer mirando la cúpula de la abadía de Ettal es difícil de superar.
Alojarse en Ettal
Dormir en el propio pueblo es posible: hay pequeños hoteles y hostales con encanto, perfectos para quienes buscan silencio y campanas al amanecer. Yo preferí alojarme en Oberammergau, en el Zum Kirchenbauer, un sitio familiar con desayuno de panes recién horneados que todavía recuerdo.
Lo bueno de Oberammergau es que, además de tener a la abadía de Ettal a la vuelta de la esquina, encuentras más vidilla: terrazas para cenar, tiendecitas abiertas hasta tarde y ese paseo nocturno que en el propio Ettal sería imposible porque a las ocho ya reina el silencio absoluto.
Consejos prácticos para visitar el monasterio de Ettal
- Horarios: la iglesia abre todos los días, normalmente de 10:00 a 17:00 en invierno y hasta las 18:00 en verano. Si vais a última hora, aseguraos antes, que aquí los monjes no entienden de prisas.
- Precios: entrar a la iglesia es gratis, pero la destilería y la quesería cuestan unos 8 € con degustación incluida (y creedme, merece la pena).
- Duración: contad entre dos y tres horas si queréis verlo con calma y sin correr de un sitio a otro.
- Cómo llegar: en coche desde Múnich (1h15 aprox.), en bus desde Oberammergau, o desde Garmisch combinando tren hasta Oberau y luego bus local. No os preocupéis, todo está muy bien señalizado.
Mejor época: primavera y verano son ideales si os apetece caminar por los senderos de alrededor; en invierno la magia está en ver la nieve acumulada en los tejados y escuchar el silencio del valle.












