Siempre que alguien me pregunta cuál es la mejor época para viajar a Alemania, sonrío. Porque, sinceramente, depende de lo que busquéis. He estado allí con nieve hasta las rodillas y también con los lagos brillando al sol, y os aseguro que el país cambia tanto de un mes a otro que parece otro lugar.
La clave está en saber qué tipo de viaje queréis. ¿Mercadillos navideños? ¿Cervezas al sol? ¿Bosques en otoño? Aquí os dejo mi guía mes a mes para que elijáis el momento perfecto… y no os sorprenda una tormenta bávara como a mí en Garmisch (que sí, fue épica).
Enero y febrero: Alemania bajo cero (y con encanto)
Viajar a Alemania en invierno es una buena opción si os gustan los paisajes nevados. Las temperaturas caen por debajo de los 0 °C en muchas ocasiones, sobre todo en el sur. Además, los días se hacen cortos pronto, por lo que aprovechar las mañanas es fundamental. Aun así, si sois de los míos y os atrae el ambiente invernal, no hay mejor momento para descubrir el país 🙂
Recorrí los Alpes bávaros en diciembre: Neuschwanstein, Füssen, Oberammergau, Ettal, Mittenwald, Garmisch-Partenkirchen y el palacio de Linderhof. A cada paso parecía estar dentro de una postal. La nieve cubría los tejados, el aire olía a leña y solo se escuchaba el crujido de las botas sobre el hielo. Todavía hoy recuerdo ese silencio espeso de la montaña, tan perfecto que casi daba reparo romperlo.
Fuera de las zonas de esquí —como Zugspitze, que se llena de aficionados—, los precios bajan y todo se vuelve más pausado. Encontraréis hoteles con encanto, chimeneas encendidas y ese calor humano que compensa el frío exterior. Entrar en una cafetería con las ventanas empañadas y un café humeante (no, glühwein no, gracias) se convierte en uno de esos pequeños placeres que solo existen en invierno.
Y creedme: el frío bávaro no perdona, pero tampoco se olvida. A mí me gusta mucho el invierno, y sin duda esta es la mejor época para viajar a Alemania si lo que os gusta tiene que ver con naturaleza y nieve.
Marzo y abril: entre el invierno y la primavera
A partir de marzo, Alemania empieza a desperezarse. El sol calienta tímidamente y las temperaturas rondan los 10–15 °C. Berlín se llena de bicicletas y mercadillos callejeros; los parques recuperan color y la gente vuelve a ocupar las terrazas, como si llevara meses esperando ese momento.
Abril, en cambio, es caprichoso. Dicen los alemanes “April, April, der macht was er will” (“abril hace lo que quiere”), y es verdad: igual sale un día radiante que os cae un chaparrón inesperado. Quizá si estáis pensando cuándo viajar a Alemania y no queréis que os sorprenda la lluvia, esta no es muy buena época.
Si viajáis en estas fechas, disfrutad de ciudades como Colonia o Hamburgo, más tranquilas antes de la temporada alta. Es una buena época para viajar a Alemania con presupuesto ajustado, ya que los precios siguen moderados y la mayoría de atracciones están abiertas.
Mayo y junio: la explosión verde
Mayo es, para mí, uno de esos meses en los que Alemania se despierta de verdad. El clima se vuelve suave, los días se estiran y los parques se llenan de flores y bicicletas. Berlín está preciosa en esta época: las terrazas vuelven a llenarse, los biergarten abren y los lagos del sur reflejan el cielo como si fueran espejos.
En junio, la vida se acelera. Aún no es temporada alta, los precios siguen razonables y hay una sensación general de buen humor, como si el país entero respirara al fin después del invierno. Cuando estuve en Berlín aquel verano, recuerdo esa libertad de pedalear por el Tiergarten, de parar en un puesto callejero a por un Brezel, de ver cómo el sol se colaba entre los árboles mientras todo el mundo brindaba junto al Spree.
Si sois de los que disfrutan de la naturaleza con buen tiempo —rutas, picnics, chapuzones improvisados en los lagos—, este es vuestro momento. Solo un consejo: reservad con antelación, porque los alemanes también salen a aprovechar el sol…
Julio y agosto: sol, festivales y turistas
Para la mayoría, esta es la mejor época para viajar a Alemania. El verano en Alemania es una de las mejores épocas si lo que queréis es buen tiempo: sol, cerveza fría y, de repente, una tormenta que te cala en cinco segundos. En julio y agosto el calor aprieta —en el sur pueden llegar fácilmente a los 30 °C—, pero el ambiente compensa. En Berlín y Hamburgo hay festivales de música, cine al aire libre y gente bailando donde menos te lo esperas: plazas, parques, incluso puentes.
Lo que sí tenéis que tener en cuenta es que es temporada alta y se nota: los precios suben, los trenes van llenos y en lugares como Múnich o Núremberg cuesta encontrar una mesa libre. Si vais en estas fechas, buscad rincones menos trillados o escapad al norte: las playas del mar Báltico son amplias, tranquilas y con ese aire un poco salvaje que engancha.
Por la noche, el país entero parece estar de celebración. Terrazas a rebosar, olor a parrilla, música flotando entre las calles y esa sensación de que nadie tiene prisa por volver a casa.
Septiembre y octubre: el otoño dorado
En septiembre, el calor afloja, los bosques se tiñen de ocres y los viñedos del Rin y del Mosela, probablemente, están en su época más bonita. La luz cambia, ya no es tan fuerte, y esto hace que todo se vea distinto, más suave.
A finales de mes el ambiente vuelve a encenderse: llega el Oktoberfest. Volví a Múnich con unos amigos, expresamente para el festival de cerveza más famoso del mundo, y no defraudó. Las carpas eran un caos maravilloso: música, jarras que chocaban, desconocidos brindando como si fueran viejos amigos. Acabamos bailando encima de los bancos, comiendo pretzels sin control y descubriendo que el pollo asado del festival podía ser perfectamente una experiencia religiosa.
Eso sí, la fiesta tiene su precio: los hoteles se llenan semanas antes y todo se encarece. Si os tienta vivirlo, reservad con antelación (y con hambre).
Fuera de Baviera, el otoño se vuelve más sereno. Pasear por Dresde o Berlín entre hojas caídas tiene ese punto melancólico que, no sé por qué, sienta tan bien cuando el frío empieza a asomar.
Noviembre y diciembre: luces, frío y mercados
En noviembre llega el frío y también una mayor calma. Las calles se vacían, los precios bajan y el país parece tomarse un respiro antes de la Navidad.
Y entonces llega diciembre… y todo cambia. Las plazas se llenan de mercados navideños, con puestecillos de madera, el aire huele a canela y pan de jengibre, y suena música por todas partes. Yo, que no puedo con el glühwein, me refugié en el café y la cerveza —uno para entrar en calor y la otra… también—. Hace frío, sí, pero no importa: estar en un mercado te hace sentir la Navidad de otra forma, y el frío deja de importar cuando estás a gusto en un lugar (y bien abrigado).
Los mercadillos de Navidad más conocidos están en Núremberg, Múnich y Berlín, pero los que más me gustaron fueron los pequeños: los de Erfurt o Lübeck, donde el bullicio es más amable y el aroma a galletas recién hechas lo inunda todo. Abren desde finales de noviembre hasta el 24 de diciembre, y entre puesto y puesto podéis encontrar desde figuras talladas a mano hasta tazas con forma de reno (sí, me traje una). Como os decía, para mí, esta es la mejor época para visitar Alemania; hay una magia en el ambiente difícil de explicar.
Eso sí, los fines de semana se llenan, así que si podéis, id entre semana: las luces brillan igual y hay espacio para respirar.
Entonces… cuál es la mejor época para viajar a Alemania
Después de tantas idas y venidas, creo que la mejor época para viajar a Alemania depende más de lo que buscáis que del clima en sí:
- ❄️ Si queréis nieve, paisajes de cuento y ambiente acogedor: diciembre a febrero.
- 🌸 Si preferís flores, rutas y temperaturas suaves: mayo y junio.
- 🍂 Y si buscáis paisajes dorados, vino y festivales: septiembre y octubre.
Yo soy de esas personas que disfrutan de los días fríos, de ese olor a chimenea que se queda pegado a la bufanda. Por eso me quedo con el invierno en Baviera: tranquilo, sereno, hasta que los mercados navideños lo llenan todo de vida. Hay algo en ese silencio nevado, en el vapor que sale de las tazas y en las luces cálidas encendiéndose al caer la tarde… que te atrapa sin remedio.
Consejos prácticos para planificar el viaje
- ✈️ Vuelos: los precios más bajos suelen estar entre enero y marzo, y de nuevo en noviembre.
- 🚆 Transporte: si vais a moveros en tren, echad un ojo al Deutsche Bahn Pass, que permite viajar de forma flexible por todo el país.
- 🧥 Ropa: incluso en verano, llevad una chaqueta ligera. En Alemania, las tormentas aparecen cuando menos lo esperas (y yo lo aprendí empapada, literalmente).
- 🏡 Alojamiento: en temporada alta (junio a septiembre), reservad con antelación, sobre todo en Baviera.
- 🎉 Festividades: el Oktoberfest y los mercadillos navideños llenan hoteles y trenes, así que planificad con tiempo.
Hay países que te enamoran de golpe y otros que lo hacen despacio, estación a estación. Alemania pertenece a los segundos. Y cuando volváis a casa, con la maleta llena de panecillos, postales y recuerdos, entenderéis que la mejor época para viajar a Alemania… es la que os pille con ganas de volver.












