Hay ciudades que se entienden mejor sentándose a la mesa. Múnich es una de ellas. Aquí la gastronomía no es un complemento del viaje, es parte del carácter de la ciudad, casi una extensión de su forma de vivir. Da igual que vayáis buscando museos, parques o cervezas: antes o después acabaréis hablando de comida.
La gastronomía bávara va mucho más allá del tópico, y Múnich es el mejor sitio para comprobarlo. Platos contundentes, sí, pero bien hechos y pensados para compartir. El Schweinshaxe, con esa corteza crujiente que suena al romperse, o las Weißwurst, suaves y delicadas, suelen ser el primer contacto… y rara vez el último. Porque aquí las cervecerías no son solo sitios donde comer: son lugares donde se alarga la sobremesa, se brindan historias y, casi sin daros cuenta, entendéis un poco mejor la ciudad. Y eso, al final, es viajar.
Si te preguntas dónde merece la pena comer en esta ciudad, te diré que tienes opciones para todos los gustos y presupuestos. Lugares como Augustiner-Keller, una de las cervecerías al aire libre más grandes y antiguas que puede acoger a cientos de personas, sirve cervezas de medio litro por 4-5 euros y platos entre 10-20 euros. También está el histórico Ratskeller, situado bajo el Nuevo Ayuntamiento, o el Weisses Bräuhaus, especialista en cerveza de trigo de producción propia.
Tras varias visitas por sus rincones gastronómicos, puedo aseguraros que tanto la calidad como la relación calidad-precio de estos lugares os van a sorprender. Y sí, al cerdo le tienen especial cariño en la cocina bávara, pero ya os contaré más detalles de mi aventura culinaria por la ciudad.
Sabores bávaros que debes conocer
Cuando el camarero me entregó por primera vez un menú en una cervecería de Múnich, parecía más bien un mapa del tesoro gastronómico bávaro. Tras varias visitas por la ciudad, puedo contaros cuáles son esos sabores que no podéis perderos si visitáis la capital.
Codillo de cerdo (Schweinshaxe)
El codillo o Schweinshaxe es, probablemente, el plato por excelencia de la cocina muniquesa. Llega a la mesa en un gran plato, a veces de madera, a veces de barro; imponente, con esa piel dorada que cruje de verdad y una carne tan tierna por dentro que se deshace sola.
Para su elaboración, se marina con cerveza oscura, cebolla y ajo y se asa durante horas, y claro, el resultado no engaña. Normalmente, viene acompañado de Knödel y Sauerkraut (la chucrut de toda la vida), cuyo punto ácido equilibra la grasa del cerdo con bastante inteligencia.
Salchichas tradicionales (Weißwurst y más)
Las Weißwurst fueron mi primera lección cultural en Múnich. Estas salchichas blancas, hechas con ternera y tocino, se sirven en agua caliente con mostaza dulce bávara y, según la tradición, no deberían comerse después del mediodía. Yo las pedí a las tres de la tarde y la mirada del camarero lo dejó todo bastante claro. También aprendí la técnica correcta para comerlas —extraer la carne de la tripa sin cubiertos, el famoso zuzeln— y, una vez superado el momento torpe, se convirtieron en uno de mis desayunos favoritos. A partir de ahí llegaron las Rostbratwurst, pequeñas y perfectas a la parrilla, y la Gelbwurst, servida en lonchas finas sobre pan. Cocina sencilla, pero muy seria.
Schnitzel y otros platos de carne
El Münchner Schnitzel me sorprendió por ser diferente al austriaco – aquí lo preparan con cerdo empanado con una mezcla de mostaza y rábano picante. Mucho más intenso de sabor.
Durante mi estancia descubrí lugares como Andy’s Krablergarten y Steinheil 16, donde sirven schnitzels tan enormes que literalmente sobresalen del plato. En Steinheil 16 los sirven con patatas fritas o asadas – probé ambas opciones y las asadas ganan por goleada.
Pretzels y acompañamientos típicos
Los pretzels o Brez’n en bávaro son omnipresentes en Múnich. Con su corteza crujiente y salada y su interior tierno, forman parte de la cultura alemana desde la Edad Media.
Yo me aficioné a comerlos con mantequilla, queso Emmentaler en lonchas, o con Obazda – esa deliciosa pasta para untar hecha con queso Camembert y cerveza. Mi combinación favorita acabó siendo pretzel con mostaza dulce acompañado de una Weißbier (cerveza de trigo).
Postres como Apfelstrudel y Kaiserschmarrn
El Apfelstrudel es mi postre alemán favorito, no hay lugar a dudas; quienes me conocen lo saben bien. Esa mezcla de manzana caliente, con bien de mantequilla, hojaldre fino y crujiente y canela es simplemente espectacular.
Aún así, reconozco que el Kaiserschmarrn fue un descubrimiento que no esperaba y que ahora recomiendo también (aunque no tanto como la primera). Su nombre, “el desorden del emperador”, ya da pistas: es una especie de crepe gruesa y esponjosa que se rompe durante la cocción y llega a la mesa de forma irregular, espolvoreada con azúcar glas y acompañada de compota de fruta. Dicen que era el postre favorito del emperador Franz Joseph I, y después de probarlo en un café cerca de Marienplatz entendí perfectamente por qué.
Cervecerías en Múnich con historia y sabor
En Múnich, recorrer sus cervecerías implica conocer también si historia. Por tanto, si de verdad queréis conocer Múnich, debéis, al menos, visitar las principales y por supuesto, tomar al menos una cerveza con un plato tradicional en ellas. Los espléndidos salones y galerías de las más emblemáticas os impresionarán, lo acogedor de las más pequeñas os harán sentir en casa y los biergarten y os harán disfrutar del buen tiempo. Sea como sea, siempre será en mesas corridas, donde compartiréis más que cervezas.
Hofbräuhaus: la más famosa del mundo
La Hofbräuhaus no es solo una cervecería mítica: es un pedazo de historia alemana servido en jarra de litro. Nació en 1589 como fábrica de cerveza para abastecer a la familia Wittelsbach, cuando solo la realeza podía probarla, y hoy la cruzan más de 35.000 personas al día. El contraste impresiona. Entras en su salón principal —con sitio para unas 1.500 personas— y todo funciona como si llevara siglos ocurriendo igual: música tradicional en directo, camareros que se mueven con una soltura pasmosa (algunos llevan allí media vida) y jarras que vuelan de mesa en mesa sin drama. Aquí lo normal es pedir una weißbier o una helles, elaboradas según recetas históricas atribuidas al duque Guillermo V de Baviera, y dejar que el ruido y el ambiente hagan el resto.
Y sí, hay una parte incómoda que conviene conocer. En los años 20, Adolf Hitler utilizó el Hofbräuhaus como lugar de reunión para los primeros actos del partido nazi. No se esconde ni se glorifica: forma parte de la historia del lugar y de la ciudad. Hoy, sin embargo, el ambiente es otro muy distinto. Gente local, viajeros, música, cerveza y mesas compartidas. Saberlo todo —lo bueno y lo malo— ayuda a entender mejor dónde estáis. Y en Múnich, eso también forma parte del viaje.
Augustiner-Keller: tradición al aire libre
Augustiner tiene cervecerías por toda la ciudad, pero quizá una de las más agradables sea esta, especialmente en días soleados. Visité su Biergarten para comer un día que hacía bueno y fue una experiencia que no olvidaré. Con capacidad para 5.000 personas, es uno de los jardines de cerveza más antiguos de la ciudad.
Lo mejor es su cerveza Augustiner Edelstoff servida directamente de barriles de madera bajo la sombra de cientos de castaños. También probé su codillo de cerdo en salsa de cerveza que, aunque no es el mejor de Múnich, tiene una relación calidad-precio excelente y está bastante rico.
Weisses Bräuhaus: cerveza de trigo y ambiente local
El Weisses Bräuhaus (o Schneider Haus, como también se conoce) fue otra de mis grandes sorpresas. Este local es el templo de la cerveza de trigo en Múnich. Lo más curioso es que fue completamente destruido durante los bombardeos de 1945 y no reabrió hasta 1993.
Me encantó su ambiente auténtico, lleno de muniqueses y no solo viajeros. Su especialidad es la cerveza de trigo Schneider Weisse (si eres cervecero la conocerás de sobra), con una decena de variantes. Probé la mítica Aventinus con un 12% de alcohol y… digamos que el resto de la tarde fue muy divertida.
Der Pschorr: calidad y producción propia
Situada junto al mercado Viktualienmarkt, Der Pschorr es una cervecería que destaca por su arquitectura contemporánea entre tantos locales tradicionales. Me gustó especialmente por su apuesta por productos frescos y locales.
La decoración interior es moderna pero acogedora, muy diferente a la típica cervecería bávara. Su especialidad es la cerveza sin filtrar que sirven directamente de barricas tradicionales que destapan ante tus ojos. El schnitzel que probé estaba delicioso, aunque algo caro (unos 20-24€).
Spatenhaus an der Oper: elegancia bávara
Para terminar mi ruta cervecera, acabé en Spatenhaus an der Oper, frente a la Ópera de Múnich. Este lugar encarna la gastronomía bávara en su forma más elegante.
Lo que hace especial a este lugar es su división en dos ambientes: en la planta baja encontraréis cocina bávara tradicional y en el piso superior platos más refinados. El ambiente es sofisticado, con mantelerías impecables y copas brillantes, pero sin perder la esencia muniquesa. Acompañé mi comida con una Spaten recién tirada del barril que complementaba perfectamente los sabores bávaros.
Tras esta ruta por las cervecerías de Múnich, tenía claro que cada lugar cuenta su propia historia. Ya con el estómago satisfecho y varias cervezas de más, me tocaba descubrir los restaurantes donde los propios muniqueses disfrutan de su gastronomía.
Restaurantes donde comer en Múnich más allá de las cervecerías
¿Os habéis preguntado alguna vez dónde comen los muniqueses cuando quieren escapar del bullicio turístico? Durante mi última visita, me propuse descubrir los restaurantes en Múnich donde los locales disfrutan de la auténtica cocina bávara. Aquí os dejo mis favoritos.
Andy’s Krablergarten: schnitzel para compartir
Mi primera sorpresa gastronómica fue Andy’s Krablergarten. Este local, situado cerca de la estación Sendlinger Tor, es el paraíso del schnitzel. Os lo digo claramente: ¡venid con hambre o acompañados! Las raciones son tan generosas que difícilmente una persona puede terminarlas sola. La especialidad de la casa son los schnitzels en diferentes versiones, incluida una mexicana que me llamó muchísimo la atención.
Lo mejor es su ambiente relajado y su jardín de cerveza (¡de los mejores que encontré en la ciudad!). Un sitio ideal para cenar sin gastar una fortuna.
Zum Dürnbräu: rincón acogedor con platos clásicos
Escondido en una callejuela del centro, Zum Dürnbräu tiene algo que engancha gracias a su encanto histórico. Es un restaurante muy acogedor y tradicional, con paredes de madera y techos abovedados, que funciona desde 1487.
Todos sus platos son tradicionales, y están elaborados con productos locales. Si vais, tenéis que pedir el “Dürnbräu Geschichten” (medallones de cerdo con salsa de bacon, cebolla y champiñones). También sirven un medio codillo crujiente por solo 15€ aproximadamente.
Wirtshaus In Der Au: cocina bávara clásica
A espaldas del Deutsches Museum encontré este tesoro gastronómico. Desde 1901, Wirtshaus in der Au ofrece especialidades de Baviera y Suabia en un ambiente auténtico y libre del ruido turístico.
Sus “clásicos” incluyen pato y filete de buey, mientras que las Knödel (bolas de patata o pan) merecen capítulo aparte. La cerveza de la casa es Paulaner y, aunque la calidad es excelente, los precios son moderados (entre 20-30€ por persona). El servicio es atento y rápido, y el ambiente resulta acogedor tanto en invierno como en su agradable terraza veraniega.
Zum Alten Markt: experiencia alpina en el centro
Cerca de Viktualienmarkt descubrí esta pequeña joya que parece transportada directamente desde los Alpes. La primera vez que entré, me quedé fascinada por sus paredes revestidas de madera y su tenue iluminación.
Su carta es reducida pero rotativa según la temporada, destacando especialmente sus platos de ternera bávara. Además, ofrecen una interesante selección de vinos de Südtirol, Austria y Alemania. En cuanto al ambiente, como en los restaurantes tradicionales, es muy cálido, perfecto para el invierno (y también el verano).
Ratskeller München: un restaurante bajo el ayuntamiento
Finalmente, no podía dejar de mencionar Ratskeller München, ubicado en los sótanos del Nuevo Ayuntamiento. Este enorme restaurante con capacidad para más de 1.000 personas me impresionó por sus techos pintados y vidrieras de colores.
Aunque es bastante turístico, la calidad de sus platos tradicionales bávaros es innegable. Tienen carta en español con fotos (¡salvación para quienes no dominamos el alemán!) y ofrecen opciones vegetarianas y veganas. Perfecto para una primera aproximación a la cocina local.
Experiencias gastronómicas locales
Desde que descubrí las cervecerías tradicionales, me propuse ir más allá y encontrar esos rincones donde los muniqueses realmente disfrutan de su gastronomía. ¿Queréis saber dónde se esconden las mejores experiencias gastronómicas de la ciudad?
Viktualienmarkt: mercado y biergarten
Mi descubrimiento favorito fue el Viktualienmarkt, un mercado diario en pleno corazón de Múnich con más de 140 puestos donde locales y turistas se mezclan sin protocolo alguno. Lo que hace único este lugar es su biergarten central con capacidad para unas 1.000 personas.
¿Lo más curioso? Es el único en toda la ciudad donde las seis grandes cervecerías de Múnich (Augustiner, Hofbräu, Hacker-Pschorr, Löwenbräu, Paulaner y Spaten) se turnan cada seis semanas para servir su cerveza. Recuerdo haberme sentado bajo los castaños con un pretzel recién comprado en uno de los puestos mientras observaba el bullicio del mercado. Una experiencia que merece la pena vivir con calma.
Biergärten: jardines de cerveza al aire libre
Estos jardines de cerveza nacieron en 1810, cuando las fábricas fueron autorizadas a servir directamente al público. El Jardín Inglés alberga algunos de los más impresionantes, como el de la Torre China con espacio para 7.000 personas.
Durante mi última visita, me sorprendió descubrir que es completamente normal llevar tu propia comida, aunque las bebidas siempre hay que comprarlas allí. Y sí, os lo confieso: acabé compartiendo mesa con desconocidos, como manda la tradición. Al principio me pareció extraño, pero al final resultó ser una de las mejores partes de la experiencia.
Cafés y pastelerías tradicionales
Para los amantes de lo dulce, Múnich es un paraíso. Café Frischhut, también conocido como Schmalznudel, me conquistó con sus bollos tradicionales. Dallmayr, que lleva funcionando desde 1700, me sorprendió con sus exquisitos pasteles en un ambiente de elegancia tradicional.
Si tenéis antojo de un clásico, el Apfelstrudel servido con nata montada en casi cualquier cafetería de la ciudad es imprescindible. Yo lo probé en un pequeño café cerca de Marienplatz y entendí por qué es tan famoso.
Desayuno bávaro: salchichas y pretzels por la mañana
Mi mayor descubrimiento fue el tradicional desayuno bávaro o Bayerischer Frühstück. Consiste en un par de salchichas blancas (weisswürste), un pretzel y mostaza dulce. Y lo más sorprendente: ¡se acompaña con medio litro de cerveza de trigo por la mañana!
Según la tradición, estas salchichas “no deben oír las campanadas del mediodía”, así que madrugar para probarlas es obligatorio. El Weisses Bräuhaus abre sus puertas a las ocho de la mañana, por lo que es perfecto para esta experiencia, si es que quieres vivirla.
Cómo disfrutar la comida en Múnich
Tras varias visitas a Múnich, he aprendido algunas lecciones importantes sobre cómo disfrutar de su gastronomía sin arruinarme en el intento. Porque sí, los primeros días cometí todos los errores posibles, pero precisamente esos tropiezos me enseñaron los mejores trucos.
Dónde cenar en Múnich sin gastar de más
En general, a pesar de la fama que tiene, comer en Múnich no es caro (si no te pasas con las cervezas o no vas a uno de los muchos restaurantes con estrella que hay en la ciudad).
Un plato principal suele rondar los 15€, mientras que los entrantes están entre 5-6€. Ten en cuenta que las raciones son muy, muy generosas, por lo que, como veréis, no es caro en absoluto.
Horarios y costumbres locales
Como intuiréis ya, los horarios de comidas son diferentes a los nuestros, aunque no tanto como imaginaríais. La comida suele ser entre las 12:00 y 14:00, mientras que la cena comienza a las 18:00 aproximadamente (aunque en las cervecerías podréis cenar más tarde, alrededor de las 20 o algo más, no os paséis o no podréis cenar en ningún lado).
No os sorprendáis si alguien se sienta en vuestra mesa en las cervecerías tradicionales y biergärten – es completamente normal compartir mesa.
Cómo pedir platos típicos y no morir en el intento
En general, los platos que encontraréis en los restaurantes tradicionales de Múnich son parecidas, por lo que os será más fácil memorizar algunos nombres básicos. Los muniqueses suelen tomar un plato único, pretzel (si se quiere, no siempre lo piden) y cerveza para acompañar. Mi consejo es que no pidáis de más, con un plato es más que de sobra (son gigantes).
Siempre que sean días festivos y temporada alta, reservar es imprescindible, especialmente en locales pequeños pero populares como Zum Dürnbräu. Si tienes reserva, llega a tiempo; no te guardarán la mesa si no (lo sé por experiencia propia en pleno Oktoberfest…). Aprendí esto por las malas cuando llegué 15 minutos tarde y perdí mi mesa.
En conclusión: dónde comer en Múnich comida local
Tras recorrer tantas cervecerías y restaurantes muniqueses, puedo aseguraros que esta ciudad va muchísimo más allá de lo que esperaba. Mi aventura gastronómica por la capital bávara me dejó con ganas de volver y seguir explorando rincones que aún no he descubierto.
Los biergärten se convirtieron en mi descubrimiento favorito. Esa costumbre de sentarse con desconocidos bajo los castaños del Augustiner-Keller mientras compartís una jarra de cerveza y un pretzel recién hecho… crea momentos que no esperaba vivir.
Así que ya sabéis, dejad espacio en la maleta para volver con algunos kilos de más y tiempo suficiente para perderos entre cervecerías centenarias. La aventura gastronómica muniquesa merece cada momento que le dediquéis. ¡Prost!












