Table of Contents
Cuando visité Füssen me sentí como en un cuento; es una de esas ciudades que enganchan e invitan a quedarte más tiempo para disfrutarlas con calma. Pasé varios días en esta pequeña ciudad durante mi viaje de dos semanas por los Alpes Bávaros de Austria y Alemania. Era invierno y lo encontré nevado y soleado (por suerte); un entorno precioso entre callejuelas, montañas y luces de Navidad.
Situada en pleno Baviera, la ciudad de Füssen es conocida, principalmente, por el espectacular castillo de Neuschwanstein, aunque, como podréis ver a lo largo de este artículo, esta pequeña ciudad tiene mucho más que ofrecerte.
1. El Castillo de Neuschwanstein: la principal atracción de Füssen
Cuando llegas a Füssen, ya puedes sentir que todos los que estáis allí habéis sido atraídos por algo concreto: el castillo en el que se dice que Disney se inspiró para películas como La Bella Durmiente. Lo mires desde donde lo mires es igual de majestuoso: el Castillo de Neuschwanstein asoma en el paisaje para dejarte sin palabras.
Construido en el siglo XIX por el Rey Luis de Baviera, conocido como “El Rey Loco”, este castillo es considerado uno de los mejores ejemplos de románico bávaro y es sin duda una de las principales cosas que ver en Füssen. La única opción para visitarlo es con visita guiada, en pequeños grupos. Yo no soy muy de visitas guiadas en grupo, pero no me iba a quedar sin admirar su interior, que te transporta a un cuento nórdico. Desde sus ventanas podrás admirar las impresionantes vistas de los Alpes Alemanes. Tras el recorrido por el castillo, dirígete hacia el Puente Marienbrücke, desde el que podrás observar las vistas más icónicas del Castillo de Neuschwanstein.
2. El Castillo de Hohenschwangau: segundo must que ver en Füssen
Siempre hablamos de Neuschwanstein como la referencia, y lo entiendo, pero este castillo tampoco te dejará indiferente. Su historia pasa por un cambio de nombre y una reconstrucción. Cuando se construyó, en el Siglo XII, se llamaba Castillo de Schwanstein y servía de fortaleza para los caballeros de Schwangau; y más adelante, en el Siglo XIX, Maximiliano II de Baviera, el padre del Rey Loco, lo reconstruyó añadiendo el estilo neogótico a la construcción, para que su hijo, Luis II, creciera allí.
Existe la opción de visitarlo también y se puede adquirir la entrada en conjunto con el primer castillo. Para comenzar, paseé por el lago que se encuentra a su izquierda (el maravilloso Alpsee) para admirarlo desde fuera, para más tarde adentrarme en él mediante otra visita guiada (de nuevo, la única opción que encontrarás).
Durante tu visita, podrás admirar las diferentes estancias del castillo, como las habitaciones reales (especial mención al espectacular techo de estrellas del dormitorio del Rey) decoradas con mobiliario original, o la Sala de los Héroes. No te olvides de asomarte por la ventana, ¡las vistas son también una de las mejores cosas que hacer en Füssen!
3. Paseo por el Centro de Füssen: Encanto Pintoresco
Tras visitar los castillos, pensaba irme al hotel a descansar un poco, pero acabé paseando por las empedradas calles de Füssen, que si bien no es muy grande, hace que te pierdas entre sus casas de colores pastel con entramados de madera y fachadas típicas bávaras. Según vas avanzando y perdiéndote por sus calles, más de foto se vuelve el paisaje. Entré en varias tiendas (me ENCANTA perderme en mercados y tiendas locales, es algo que siempre que puedo hago) donde compré algún queso regional (no puedo evitarlo) y un poco de chocolate. Tienen también licores de hierbas, aunque yo no soy tan fan…
Si vienes en verano, las terrazas estarán llenas, perfecto momento para tomar un café o una tarta y ver pasar las horas y a la gente. En invierno hay menos ambiente en la calle (lógicamente), pero los cafés, cervecerías y restaurantes son muy acogedores, y da gusto, después de una buena caminata, parar a coger calor en alguno de ellos.
4. Iglesia de San Mang: Joya Barroca
En pleno centro, me encontré con la Iglesia de San Mang. Desde fuera no llama demasiado la atención, pero basta con cruzar la puerta para que todo cambie: frescos cubriendo techos y paredes, esculturas doradas y una atmósfera de silencio que invita a mirar despacio. La entrada es gratuita, y por 3 € puedes subir a la torre. El acceso no es lo más cómodo —escaleras estrechas y empinadas—, pero la recompensa está arriba: una panorámica de Füssen, el río Lech y, si el día está claro, los Alpes en el horizonte. ¡Brutal!
5. Explora el Lago Forggen: Naturaleza Serena
A tan solo unos minutos del centro está el Lago Forggen, el más grande de la zona y sitio imperdible para ver en Füssen. Es un sitio ideal para desconectar. En verano, puedes alquilar un bote por unos 15 € la hora o probar a hacer paddle surf; en invierno, me encantó la mezcla de agua, nieve y montaña (no lo puedo evitar). Hay senderos por toda la zona para caminar o ir en bici, y bancos estratégicamente colocados para sentarse a contemplar el paisaje. Si tienes suerte y el día está despejado, verás las montañas reflejadas en el agua como en un espejo; yo conseguí verlo porque, aunque en invierno, me hizo solazo, y la verdad es que es ¡espectacular!
6. Parque Nacional de los Alpes de Ammergau: Aventuras al Aire Libre
Si te gusta la naturaleza, este parque es una de las cosas que ver en Füssen que más te interesarán. Cuenta con rutas señalizadas de todos los niveles, desde paseos cortos hasta caminatas más largas. En verano, los prados verdes y el olor a pino lo llenan todo; en invierno, se transforma en una zona de esquí con pistas para todos los niveles. Yo opté por una ruta de unas dos horas y, aunque no era muy exigente, me obligó a parar un par de veces solo para admirar las vistas. Imprescindible llevar calzado cómodo y agua, ya que no encontrarás muchas zonas para comprar durante el recorrido.
7. El Monasterio de San Magnus
A unos 15 minutos a pie del centro se encuentra el Monasterio de San Magnus, con una historia que se remonta al siglo IX. Su arquitectura mezcla elementos románicos y góticos, y lo que más me llamó la atención fue la madera tallada del interior. La tranquilidad es absoluta; apenas había visitantes cuando fui, lo que me permitió recorrerlo a mi ritmo. Es una visita breve, pero interesante para conocer otra faceta de Füssen más allá de los castillos y el centro de la ciudad.
8. Actuaciones de Música Clásica en Iglesias y Salas
Füssen también tiene un lado musical que merece la pena descubrir. Hay conciertos de música clásica durante todo el año, muchos en iglesias o salas históricas. Yo encontré un recital de piano por 10 € y fue el cierre perfecto de un día de exploración: música en directo, un entorno precioso y una hora de desconexión total.
9. Cena en Restaurantes Locales: la comida es deliciosa
Probar la comida bávara es parte del viaje. Las salchichas en todas sus versiones, el schnitzel bien crujiente y, de postre, un strudel de manzana que aquí saben hacer como en pocos sitios. Las raciones son generosas, los precios razonables —unos 12-15 € por un principal— y la cerveza siempre llega fría. Si hace buen tiempo, busca un sitio con terraza para cenar mientras ves cómo se va encendiendo la ciudad.
10. Cervecerías Tradicionales: Brindis al Estilo Bávaro
La cerveza forma parte de la cultura local y probarla aquí es imprescindible. Mis dos recomendaciones:
- Weisses Lamm: abierta desde 1588, ambiente cálido y buena Weißbier. El lugar es precioso y típicamente bávaro. Aquí podrás probar todos los platos típicos de la zona después de un buen día de caminatas o visitas. ¡No te olvides de su viena cerveza!
- Schlossbrauhaus Füssen: junto al castillo de Hohenschwangau, a las afueras, con un jardín enorme y vistas a los Alpes, se encuentra esta cervecería que elabora su propia cerveza. Platos típicos bávaros y bien de bebida para terminar un día perfecto.
Consejos Prácticos para tu Viaje a Füssen
- Compra las entradas de los castillos con antelación, especialmente para Neuschwanstein.
- Recorre el centro a pie, es la mejor forma de verlo.
- Prueba la gastronomía local y, si puedes, llévate un recuerdo gastronómico.












