Siempre había querido ver orangutanes en libertad, y sabía que había un rincón del mundo donde aún era posible: la isla de Borneo. Lo había leído mil veces, pero no fue hasta que subí a aquel barco de madera —nuestro klotok— cuando entendí de verdad lo que significaba internarse en la selva de Borneo.
Cómo llegar al Tanjung Puting National Park
El viaje empieza mucho antes de poner un pie en el klotok. Para llegar al Tanjung Puting National Park, lo habitual es volar hasta Pangkalan Bun, en el sur de la isla, desde Jakarta, Surabaya o Semarang. Hay vuelos diarios (con aerolíneas como Lion Air o Nam Air) y el trayecto dura alrededor de una hora y media. Desde el aeropuerto de Borneo, el guía o el conductor os recogerán y, en unos 20 minutos, estaréis en el pequeño puerto de Kumai, el punto de partida de todas las travesías.
Nosotros contactamos por WhatsApp con un guía local, que se encargó absolutamente de todo: los permisos para entrar al parque, las comidas, el alojamiento a bordo y hasta los traslados desde el aeropuerto. Si queréis su contacto, escribidme, porque fue impecable.
El precio depende del número de días y del tipo de barco, pero para que os hagáis una idea, un tour clásico de 3 días y 2 noches en klotok por Borneo cuesta entre 400 y 500 € por persona, con todo incluido. Y creednos, vale cada rupia.
Tres días navegando en klotok por Borneo
Primer día: rumbo al corazón del río Sekonyer
Nada más subir al klotok nos recibió la tripulación, que ya trasteaba en la cocina (menudas comidas probamos, de las mejores del viaje). Dormíamos arriba, bajo una mosquitera enorme, escuchando el río. Sin lujos, claro (eso lo tenéis que tener claro), pero el lujo es estar allí.
El klotok arrancó despacio y pronto nos vimos navegando por el río Sekonyer, rodeados de selva hasta donde alcanzaba la vista. En las orillas, los monos narigudos se columpiaban entre los árboles. A veces aparecía un martín pescador azul eléctrico o un grupo de macacos cruzando el río a nado. Todo era movimiento y ruido, mucho ruido (estás en plena selva).
Mientras tanto, en la cubierta se mezclaba el olor del arroz recién hecho con el de la madera húmeda. La cocinera, que parecía no parar nunca, sacaba platos uno tras otro: pescado con salsa de cacahuete, tofu frito, frutas tropicales… comimos de lujo. En mitad de la jungla.
Esa tarde visitamos el primer centro de rehabilitación de orangutanes en Borneo: Tanjung Harapan. El sendero es corto, no hay que caminar apenas. Los cuidadores aparecieron con cubos llenos de fruta y, de pronto, el bosque empezó a moverse. Primero un crujido de ramas, luego una sombra rojiza… y ahí estaba, un orangután de Borneo mirándonos con calma desde una rama. Tras esto, más fueron apareciendo. Fue un espectáculo, la verdad, poder verlos tan cerca (siempre respetando las distancias, por supuesto).
Al anochecer, el barco se detuvo en mitad del río. Sin cobertura, sin luces, solo el sonido de los insectos y las luciérnagas iluminando la orilla.
Segundo día: gibones entre la niebla y la historia de Camp Leakey
El segundo día nos esperaba con un planazo. Madrugamos mucho, y es que ahí todo va al ritmo de la luz: te acuestas pronto y te levantas pronto también. A las seis ya navegábamos entre la niebla, rumbo a Pondok Tanggui. Caminamos por un sendero rodeado de raíces y ramas, y de repente el guía susurró: “gibbon”. Levantamos la vista y vimos uno saltar de árbol en árbol con una elegancia que no parece de este mundo.
Por la tarde llegamos a Camp Leakey, el corazón del Tanjung Puting National Park. En este lugar empezaron los primeros proyectos de conservación del orangután de Borneo, y todavía hoy existen numerosos programas a los que colaboras simplemente al visitar el parque. En el museo hay fotos antiguas y diarios de los investigadores, pero lo que realmente te deja sin aliento es verlos moverse entre los árboles.
Tercer día: niebla y despedida
El tercer día amaneció con el río cubierto de bruma, pero bueno, ya nos tocaba irnos y no nos supuso un gran problema; fue curioso ver Borneo con ese aura. Desayunamos café fuerte y plátanos fritos (es-pec-ta-cu-la-res) mientras el sol empezaba a filtrarse entre los árboles.
Y fue ahí, en ese silencio tan lleno de cosas, cuando entendimos que viajar en klotok por Borneo no es solo ver orangutanes: es dejar que el mundo se mueva despacio otra vez.
La fauna de la selva de Borneo
Decir que Borneo es uno de los lugares con más biodiversidad del planeta no es una exageración: lo vives en cada paso, en cada sonido. En la isla existen más de 200 especies de aves, multitud de reptiles, mamíferos y anfibios, y una vegetación tan densa que parece tener vida propia.
- Orangutanes: Por supuesto, los grandes protagonistas son los orangutanes de Borneo, que solo habitan aquí y en Sumatra (y por desgracia, cada vez en menos lugares de estos dos sitios). Verlos tan cerca es impactante: sus movimientos son lentos, casi pensados, y cuando te miran, sientes que podrían ser humanos perfectamente. Muchos han sido rescatados del tráfico ilegal o la deforestación, y en los centros de rehabilitación del Tanjung Puting National Park intentan reintroducirlos en su hábitat.
- Monos Narigudos: Pero los orangutanes no están solos. Los monos narigudos (o proboscis monkeys) son otro de los iconos del lugar. Tienen el hocico más extravagante del reino animal, una barriga redonda como un tambor y un aire despreocupado que hace imposible no sonreír al verlos. Son endémicos de la isla de Borneo, y suelen moverse en grupos al atardecer, cuando el sol tiñe de naranja las aguas del río Sekonyer.
- Otros animales: También vimos macacos de cola larga (uno nos robó la piña del postre en el klotok), loris perezosos, cocodrilos —así que no os bañéis ;)—, jabalíes salvajes, e incluso, con algo de suerte, se pueden avistar tucanes, cálaos y martines pescadores (nosotros vimos a este último). El aire está lleno de vida: insectos que zumban sin parar, pájaros que no se ven pero se oyen, y ese sonido profundo de la selva que nunca calla.
Por la noche el río se llena de luciérnagas que parpadean como si siguieran un ritmo invisible. Durante el trayecto al amarre nocturno, el guía nos señaló una serpiente enroscada sobre una rama tan quieta que parecía parte del árbol.
Consejos para viajar en klotok por Borneo
– Mejor época: de mayo a octubre, cuando apenas llueve (aunque lloverá, ya que estás en la selva).
– Qué llevar: repelente de mosquitos (¡súper importante!), linterna, protector solar, chubasquero y ropa ligera de manga larga.
– Comidas y alojamiento: todo se prepara en el barco. Si sois vegetarianos, avisad antes (se adaptan sin problema).
– Duración: lo más común es hacer 3 días y 2 noches, pero también hay tours de 4 o 5 días si queréis explorar más zonas del parque.
– Guía: contactad con un guía local. En nuestro caso, lo organizamos todo por WhatsApp y fue comodísimo. Si queréis su contacto, escribidme y os lo paso encantada.












