Guía para visitar Machu Picchu: entradas, trenes y mi experiencia día a día

Ana Fernández de Tejada | junio 10, 2026

Evidentemente, Machu Picchu es una de las principales razones para muchos para visitar Perú (aunque este país sea de los más completos que he visitado), pero si quieres visitarlo sin problemas, hay ciertas cosas que debes tener en cuenta. Cada decisión que tomas (desde dónde coger el tren, cuántas noches quedarte en Aguas Calientes, qué circuito elegir) puede convertir la experiencia en algo mágico o en un auténtico sufrimiento. Os cuento paso a paso cómo lo hicimos, qué reservar con antelación y ciertos pequeños detalles que os pueden marcar la diferencia.

Qué es exactamente Machu Picchu (y por qué sigue sin tener explicación)

Antes de contaros cómo organizamos el viaje, quiero detenerme un momento en algo: qué es exactamente lo que vais a ver. Es una ciudad inca construida en torno al año 1450, a 2.400 metros de altitud, encajada entre picos montañosos cubiertos de vegetación, sobre un terreno que técnicamente no debería sostener nada. Y aun así, está ahí. Y lleva más de 500 años mirando al valle del Urubamba desde las alturas.

Lo que más curioso quizá es que nadie sabe muy bien para qué servía. La teoría más extendida es que fue una residencia real del inca Pachacútec, el gobernante que ordenó construirla, aunque también se baraja que funcionó como centro ceremonial, como lugar de retiro espiritual o como nodo astronómico de primera importancia. Lo más probable, según los arqueólogos, es que cumpliera varias funciones a la vez (así funcionaba todo en el mundo inca: nada era solo una cosa). Lo que sí está claro es que fue abandonada apenas un siglo después de ser construida, probablemente al inicio de la conquista española, y que los colonizadores nunca llegaron a encontrarla. La selva se la tragó durante casi 400 años hasta que en 1911 el explorador Hiram Bingham llegó hasta ella guiado por un campesino local llamado Melchor Arteaga. La ciudad entera, cubierta de vegetación, intacta.

Eso, para mí, es lo que hace que Machu Picchu sea diferente a todo lo demás.

Mi primer consejo es que reservéis con antelación

Como iba con amigos peruanos, tuve la suerte de saber de primeras a qué me enfrentaba a la hora de reservar los tickets para la ciudadela. Compramos las entradas con aproximadamente tres meses de antelación, ya que no queríamos quedarnos sin, evidentemente, desde tuboleto.cultura.pe, el portal oficial del Ministerio de Cultura peruano. Aún así, estuve una mañana entera refrescando la página porque los cupos del Circuito 2 se agotaban en cuestión de minutos (a los que les guste la música estarán más que acostumbrados a esto). Este circuito concreto es el único que incluye el paso por el mirador del guardián (la vista de postal que lleváis viendo desde siempre), así que si queréis grabaros esa imagen en la mente, no os queda más remedio que madrugar también para reservar. Yo os aseguro que merece la pena, ya que ver esa vista al amanecer es una de las cosas más espectaculares que he presenciado nunca.

Las entradas: el papeleo que determina todo el viaje

A la hora de comprar las entradas os pedirán los datos del pasaporte, y cuando digo que el nombre debe coincidir exactamente, es exactamente, así que cuando las saquéis, hacedlo con la misma tensión que al sacar un vuelo y no os equivoquéis: ni una letra de diferencia, ni apellidos cambiados de orden. Además, acordaos de llevar el pasaporte físico durante todo el recorrido porque sin él no pasáis del control de entrada (y eso no es una opción).

Si viajáis en temporada alta, reservad con 2 o 3 meses de antelación, aunque para el Circuito 2 Clásico esa ventana se amplía a 3 o 4 meses, ya que es el más solicitado porque es también el más completo. Cada día entran aproximadamente 4.000 visitantes y no hay venta de entradas en la puerta del recinto, ya que de unos años a aquí se ha limitado mucho el acceso. Llegar sin ticket significa quedarse fuera y punto.

El tren desde Ollantaytambo: nuestra apuesta ganadora

Si viajáis como nosotros desde Cuzco, tendréis que ir hasta Ollantaytambo en autobús o van privada para coger luego allí el tren (ya de paso os recomiendo visitarlo). Dos compañías cubren la ruta en tren desde Ollantaytambo: PeruRail e IncaRail. Nosotros elegimos IncaRail y fue todo perfecto. Reservé los billetes con antelación porque la disponibilidad es limitada (algo que descubres cuando buscas fechas concretas y solo quedan tres asientos libres).

Hay tres categorías: económica, panorámica y lujo. Para nosotros, la panorámica fue perfecta: las vistas son espectaculares, y merece la pena. Eso sí, llegad a la estación 30 minutos antes.

Aguas Calientes: dos noches que cambian la experiencia

Para poder vivir la experiencia como se merece, decidimos quedarnos dos noches en Aguas Calientes. Ya sabéis que a mí me gusta viajar con cierta calma y no al galope, para poder vivir los lugares que visito (es verdad que Aguas Calientes es turismo 100%, pero vivir Machu Picchu así es la mejor decisión que tomé). La primera noche nos sirvió para descansar después del viaje y antes del gran día: cenamos tranquilos y nos dormimos temprano para el madrugón que venía después (no digo al día siguiente porque transcurren horas). La segunda noche, después de la visita, nos sirvió para descansar después de la paliza de día y no ir corriendo.

Nos alojamos en Terra Inn, modesto pero limpio, a 7 minutos andando de la parada (hecho importante para nosotros, ya que de otra manera la diferencia es dormir una hora menos). Muchos hoteles ofrecen recogida gratuita en la estación, pero nosotros fuimos andando tranquilamente, y desayunos para llevar si madrugas (esto es importante). Reservad con tiempo, ya que en temporada alta los mejores sitios se llenan antes.

Los precios comienzan desde 22 euros la noche en hostales básicos, aunque si buscáis algo más cómodo, la gama media ronda los 100 euros.

El día del viaje: desde Cuzco hasta Aguas Calientes

El día del viaje, alquilamos una mini van para ir hasta Ollantaytambo, ya que de éramos 10 personas y nos resultaba más cómodo. Si optáis por coger un autobús, hay varias empresas que cubren el trayecto: Bus Pedro, Machu Picchu By Bus, Sakura Expedition. Los precios suelen oscilar entre 9 y 21 euros, según la categoría y la compañía. La duración varía entre hora y media y dos horas dependiendo del servicio. Nosotros preferimos salir temprano para visitar Ollantaytambo y luego coger el tren de media tarde y llegar a Aguas Calientes con tiempo de instalarnos antes del anochecer.

El paisaje que veréis por la ventanilla es simplemente espectacular: campos de maíz en terrazas, pequeños poblados, montañas inmensas…

El tren hasta Aguas Calientes: hora y media por el Valle Sagrado

Cuando subes al tren, se nota a dónde vas: el vagón estaba casi lleno de viajeros con mochilas enormes y cámaras colgadas al cuello, todos con la misma expresión de expectación que debíamos llevar nosotros. El recorrido dura aproximadamente hora y media y atraviesa paisajes que van cambiando de paisajes andinos a zonas tropicales de selva, a medida que te acercas a Aguas Calientes. Es simplemente espectacular.

Durante todo el trayecto, el tren acompaña al río Urubamba (algunos lo llaman Vilcanota), un cauce que serpentea entre montañas altísimas cubiertas de vegetación cada vez más densa. Las ventanas del tren permiten ver el Valle Sagrado en todo su esplendor; es una pasada.

Llegada a Aguas Calientes: primer contacto con el turismo masivo

Bajamos del tren entrada ya la tarde. La estación está dentro del mercado de artesanos, así que lo primero que ves al salir son puestos de souvenirs, gorros de alpaca y figuritas de llamas por todas partes. Solo hay una salida desde la estación, lo que provoca aglomeraciones cuando llegan varios trenes a la vez.

Aguas Calientes nos impactó desde el primer momento, pero no precisamente por su belleza. Es un pueblo construido exclusivamente para el turismo (ya sabíamos a qué veníamos): recibe más de 1.500 visitantes diarios en tren y existe básicamente como base de operaciones para subir a Machu Picchu. Las calles estrechas trepan por las laderas, llenas de restaurantes con menús a precios inflados, hoteles de todas las categorías y agencias que ofrecen excursiones. El contraste con Cuzco es evidente: aquí todo gira en torno al turista, y se nota.

Nuestro hotel estaba cerca de la estación, pero al lado de la parada de autobús para subir a Machu Picchu, cosa que era fundamental. Terra Inn resultó ser un lugar sencillo pero muy limpio, como os decía, justo lo que necesitábamos para descansar antes de madrugar al día siguiente. La habitación era sencilla, con camas firmes y baño privado. Dejamos las mochilas, nos duchamos y salimos a recorrer el pueblo antes de que anocheciera. El plan era cenar temprano y acostarnos sobre las nueve: el despertador sonaría a las dos y media de la madrugada para vivir el amanecer en Machu Picchu.

Noche previa tranquila y preparación para la subida

Tras salir del hotel, nos dirigimos a algún restaurante para cenar algo rápido. Elegimos un restaurante cerca de la plaza y pedí algo ligero (tras la recomendación del recepcionista del hotel de tomar cosas muy cocinadas para no arriesgar un mal de estómago el gran día, así hicimos): sopa de quinoa con caldo de gallina. A 2.040 metros sobre el nivel del mar, el estómago funciona de otra manera y sabíamos que al día siguiente necesitábamos estar al 100%.

Una vez cenados, subimos a preparar la mochila para evitar prisas a las tres de la madrugada. El reglamento de Machu Picchu no perdona: máximo 40 cm de largo, 35 cm de ancho y 20 cm de profundidad. Si te pasas, toca dejar el equipaje en el guardarropa de la entrada por unos dos euros (no es caro, pero tenedlo en cuenta si no queréis dejarlo).

Efectivo desde Cuzco (los cajeros son una lotería)

Por suerte llevábamos efectivo desde Cuzco. Los cajeros de Aguas Calientes están en la plaza Manco Cápac y en la avenida Imperio de los Incas, pero cobran comisiones más altas y en temporada alta las colas son eternas. A veces se quedan sin billetes antes de que acabe el día (imagínate el disgusto). Muchos sitios del pueblo funcionan solo en efectivo: los puestos del mercado, las termas, los comedores económicos. Nosotros sacamos 250 soles en Cuzco, en billetes de 10 y 20. Los vendedores del mercado no tienen cambio para billetes grandes.

Dormir temprano (fue imposible)

A las nueve ya estábamos en la cama, pero los nervios no dejaban dormir del todo. Programé el despertador para las dos y media en punto: queríamos estar en la cola del primer autobús antes de las cuatro y media para coger el bus de las 5:30 y entrar al recinto a las 6:00. Dormir bien esa noche marca la diferencia entre disfrutar el amanecer en Machu Picchu o arrastrarte como un zombi por la ciudadela (y créeme, merece la pena estar despierto para lo que viene).

El gran día: madrugada, amanecer y por fin Machu Picchu

El móvil sonó a las dos y media y me levanté como un resorte. Me puse la ropa que había dejado preparada la noche anterior y bajamos a la calle. A esa hora, Aguas Calientes está sumido en una oscuridad casi total, roto solo por las linternas de grupos de turistas que caminan hacia el paradero del autobús con cara de zombi y expresión de «¿qué narices hago despierto a estas horas?».

Cola a las cuatro de la madrugada (y el frío que pela)

Llegamos a la fila sobre las cuatro y cuarto y ya había unas veinte personas esperando, algunas sentadas en el suelo, otras apoyadas contra la pared intentando conservar algo de calor corporal. El frío cortaba (rondaba los 10 grados) y flotaba en la oscuridad ese murmullo de conversaciones en varios idiomas que te recuerda que estás en uno de esos sitios donde todo el mundo quiere estar. Los buses empiezan a subir a las 5:30, pero en temporada alta conviene estar en la cola al menos 45 o 60 minutos antes. Solo hay 26 autobuses operando, así que madrugar marca la diferencia entre entrar al recinto cuando sale el sol o llegar cuando ya está todo el mundo allí.

Subida en el bus: curvas y más curvas hacia arriba

Cogimos el primer autobús, a las 5:30 de la mañana. El trayecto hasta arriba dura aproximadamente media hora, en un recorrido de 9 kilómetros por una carretera en la que se suceden curvas y más curvas (si os mareáis, ojo… yo tengo suerte con eso). Desde la ventanilla solo se intuyen formas oscuras de árboles y el sonido del río Vilcanota rugiendo allá abajo.

Los controles de entrada: pasaporte en mano

Bajamos del bus a las 6 de la mañana casi, justo frente a la puerta de control. Allí te verifican el pasaporte y la entrada impresa (el nombre debe coincidir exactamente con el documento, esto tenedlo muy en cuenta como os he dicho). Veréis cierta cola, pero avanza bastante rápido la verdad, así que no esperaréis mucho si vais a primera hora. En ese momento, el cielo empezaba a clarear por encima de las montañas y ya estaba con el nervio de ver amanecer ahí o si no iba a llegar…

El amanecer: cuando todo tiene sentido

Nada más entrar, caminamos deprisa hacia el mirador de la Casa del Guardián, el lugar donde veríamos amanecer. El amanecer en Machu Picchu ocurre entre las 5:15 y las 6:30 según la época del año, y esa mañana nos tocó sobre las 6:10, así que llegamos justo justo para ver aparecer el sol entre las montañas. No sé si os pasará cuando vayáis, pero aparte de lo espectacular que es ver la ciudad bajo tus pies y el Huayna Picchu al fondo, ver toda la sucesión de montañas selváticas que hay alrededor es simplemente increíble, de verdad que no os puedo descubrir la sensación que tienes estando allí. Y encima ver cómo asoma el sol entre todo ese paisaje… Sin duda fue una de las mejores experiencias que he vivido.

Haciendo el circuito 2, el más completo de todos

Como ya os decía anteriormente, nosotros cogimos el Circuito 2, que permite el recorrido más completo por la ciudadela. Visitamos el Templo del Sol, el Templo Principal, el Templo de las Tres Ventanas, el Intihuatana (desde lejos, porque el acceso directo está restringido), la Roca Sagrada, el Templo del Cóndor y los Espejos de Agua. Íbamos admirando cada detalle arquitectónico a la vez que disparaba fotos sin parar, intentando capturar algo que las cámaras nunca van a conseguir transmitir del todo.

El Templo del Sol es probablemente el edificio mejor conservado de toda la ciudadela: sus muros curvos están construidos con bloques de piedra encajados sin mortero con una precisión tan absurda que no pasa ni un papel entre ellos. Los incas no conocían el hierro ni la rueda, y aun así levantaron esto. Dentro del mismo veréis que la ventana orientada al noreste estaba diseñada para que el primer rayo de sol del solsticio de junio iluminara directamente el altar interior. Una pasada.

El Templo de las Tres Ventanas tiene una vista directa hacia el valle que quita el hipo, y la teoría es que las tres ventanas simbolizaban el origen mítico de los incas según su cosmología: las tres ventanas de Pacaritambo, el lugar del que, según la leyenda, surgieron los primeros hombres. El Intihuatana, esa piedra tallada en forma de reloj de sol que está en el punto más alto del recorrido, era para los incas un «atador del sol». Creían que amarraba al astro para que no desapareciera en invierno. El acceso directo está restringido para proteger la piedra, pero desde la distancia se ve perfectamente.

El Templo del Cóndor es súper curioso, ya que en el momento de su construcción aprovecharon dos rocas naturales para simular las alas extendidas de un ave, con una tercera piedra en el suelo que representa la cabeza.

Y luego están las terrazas agrícolas y los andenes, que bajan en cascada por la ladera y que no eran solo para cultivar: funcionaban también como sistema de drenaje para evitar que las lluvias torrenciales destrozaran los cimientos.

Los otros circuitos: cuál elegir si no haces el 2

Si por algún casual cuando reservéis el Circuito 2 está agotado, o preferís algo más corto o exigente físicamente (depende 100% de lo que queráis, aunque os sigo recomendando el 2), hay más opciones. Os las resumo a continuación:

  • El Circuito 1 es el más corto y más tranquilo: recorre la zona baja del recinto con vistas a las terrazas agrícolas y al sector urbano, y es el que recomiendan para personas con movilidad reducida o para quien no quiere pasarse horas caminando. No incluye el mirador del Guardián, pero da una visión muy completa del sector residencial y ceremonial e igualmente las vistas son impresionantes (esto pasa estés donde estés). El recorrido para este circuito dura entre una y dos horas.
  • En el Circuito 3 haces parte del recorrido del Circuito 2 con el acceso al Puente Inca, un camino que sale desde la ciudadela y termina en un puente colgante sobre un precipicio que los incas usaban como entrada secreta y trampa de guerra a la vez. Son dos o tres horas, depende de lo que te pares a admirar las vistas 😉
  • El Circuito 4 incluye el Circuito 3 más el acceso a la Puerta del Sol, el punto por donde llegaban los viajeros que hacían el Camino Inca desde Cuzco. Es el final clásico del trekking, y desde allí la vista de Machu Picchu al amanecer es diferente a la del mirador del Guardián: más lejana, más épica, con el valle entero desplegado debajo. Entre tres y cuatro horas de recorrido.
  • Y luego están las montañas adicionales fuera de la ciudadela: el Huayna Picchu (la montaña que sale en todas las fotos justo detrás de la ciudadela) y la Montaña Machu Picchu. Las dos requieren entrada aparte y tienen cupos muy limitados ya que están bastante protegidas (240 personas al día el Huayna Picchu, 800 la Montaña) y hay que reservarlas con la misma antelación que la entrada principal. Si tenéis que elegir una, el Huayna Picchu da la perspectiva aérea más espectacular, pero exige estar en buena forma.

Nosotros no hicimos ninguna de las dos (habíamos dormido tres horas, tampoco nos volvamos locos), pero si repitiera el viaje con más tiempo, el Huayna Picchu sería lo primero que reservaría.

Después de la visita: bajada a pie y regreso

Una vez terminado el recorrido por la ciudadela, bajamos andando hasta Aguas Calientes, y os aseguro que merece mucho la pena, ya que puedes ir admirando el paisaje de una manera que no puedes desde el autobús.

El sendero baja 8 kilómetros entre escalones constantes (bastante altos, por cierto). Nosotros tardamos hora y media, teniendo en cuenta que me paraba cada dos por tres a admirar las vistas del valle que desde la carretera asfaltada ni se intuyen.

Tarde libre en el pueblo

Llegamos a Aguas Calientes sobre las dos de la tarde con las piernas cansadas, muuuyyyy cansadas. No os voy a mentir, lo primero que buscamos fue un sitio donde tomarnos una cerveza helada (qué bien sienta tras momentos así). Buscamos un restaurante conde comer decente y lo encontramos por suerte, ya que comimos trucha a la parrilla como hicimos en la Isla de Taquile, en un restaurante cerca del mercado (no recuerdo el nombre, ya lo siento…) y después nos instalamos en una terraza con un buen café mientras decidíamos si teníamos energía para más visitas.

Muchos visitantes aprovechan esas horas para recorrer el mercado de artesanías, visitar el museo o relajarse en las termas. Nosotros nos dividimos, unos fueron a las termas y otros nos quedamos sentados a ver pasar la vida del pueblo mientras el cuerpo se recuperaba del madrugón y la caminata… (a veces no hacer nada es el mejor plan).

Mis cuatro aprendizajes clave tras el viaje

  • Reservar con unos tres meses de antelación es fundamental si queréis elegir el recorrido. Los tickets para el Circuito 2 desaparecen rapidísimo y sin él no conseguís la vista clásica de Machu Picchu.
  • Quedaos dos noches en Aguas Calientes. Esa segunda noche después de la visita es oro puro. Te permite digerir lo que acabas de vivir sin la prisa de coger un tren inmediato. Nosotros bajamos andando desde la ciudadela hasta el pueblo y fue una de esas decisiones que te dan perspectiva del lugar: hora y media de sendero con vistas que desde el autobús simplemente no existen.
  • La cena ligera la noche anterior no es un capricho, ya que no es una opción que te siente mal nada la noche antes. Una de mis amigas estuvo fatal por cenar otra cosa y no lo disfrutó como debía.
  • Llevad el pasaporte físico encima a la hora de visitar la ciudadela porque sin él no entráis al recinto…

Cuéntame qué dudas tienes sobre tu viaje a Machu Picchu en comentarios y te ayudaré con lo que pueda 🙂

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