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Qué ver en Salzburgo: 5 cosas que hacer para disfrutar de una ciudad mágica

Siempre había tenido Salzburgo en la cabeza. Ya sabéis, esas fotos con nieve, luces que parecen de cuento y un chocolate caliente entre las manos. En pleno diciembre, sin pensarlo mucho, compré un billete a Múnich para comenzar una ruta por los Alpes alemanes y austríacos y me planté allí. Y sí, mereció la pena. En este post os cuento qué ver en Salzburgo y os lo organizo también por si vais a estar 1, 2 o 3 días, así os es más fácil 🙂

1. Ver Salzburgo sin rumbo fijo

Aterrizar en Salzburgo en pleno invierno es como abrir la puerta de un cuento de Navidad. Frío seco, ese olor dulce de los puestos callejeros y campanas sonando a lo lejos. Desde el taxi, veía fachadas pastel salpicadas de luces navideñas… y yo con cara de “¿de verdad estoy aquí?”.

Dejé la maleta en el hotel (un pequeño alojamiento cerca de la estación, perfecto si queréis moveros a pie) y salí a la calle sin rumbo. A los diez minutos, ya había entrado en dos panaderías distintas. Una por el strudel, otra por el olor (y porque me había perdido… otra vez). Lo bueno es que, en Salzburgo, hasta perderse tiene premio: acabáis descubriendo rincones que no salen en ninguna guía de “qué ver en Salzburgo en un día”.

El aire estaba tan frío que me dolían las orejas, pero no podía parar de mirar hacia arriba: guirnaldas, farolas con coronas de pino y, de fondo, la silueta de la Fortaleza Hohensalzburg coronando la ciudad.

2. Los mercados y su ambiente navideño

Si viajáis en esta época, la respuesta a qué hacer en Salzburgo es fácil: ir de mercado en mercado. El más famoso, el Christkindlmarkt, está frente a la Catedral. Abre de 10:00 a 20:30 (hasta las 21:00 los fines de semana) y la entrada es gratis… aunque salgáis con las manos llenas de galletas y recuerdos.

El vino caliente (glühwein) es lo más típico, pero yo pasé y me pedí una cerveza local bien fría. Entre sorbos y puestos, encontré unas bolas de cristal pintadas a mano que todavía cuelgo en mi árbol cada año.

El mercado de Mirabellplatz, más pequeño y menos abarrotado, me regaló una de esas escenas que se os quedan: un grupo de niños cantando villancicos, con las mejillas rojas del frío y sus gorros de lana casi tapándoles los ojos.

Y luego está el de la Fortaleza Hohensalzburg. Subí en funicular (está incluido con la entrada, desde 13,30 €), y al llegar, me recibió una vista panorámica de toda la ciudad iluminada. El mercado allí es más reducido, pero el encanto está en la altura: quienes disfrutan del glühwein dicen que aquí sabe mejor, quizá por las vistas.

3. Música en cada rincón

Aquí todo respira música. Y no solo por Mozart, que parece omnipresente en escaparates, souvenirs y nombres de cafés. Una noche fui a un concierto en la Sala de Mármol del Palacio Mirabell (desde 35 €, reserva recomendada). Velas, violines y esa acústica que hace que hasta una tos suene afinada.

Si buscáis qué ver en Salzburgo en 1 día, incluid al menos un concierto. Hay opciones casi cada noche, incluso en diciembre. Y si os apetece algo más kitsch, probad una cena con música de Mozart en vivo. Sí, lo hice. Me sirvieron sopa, schnitzel y postre, todo mientras un trío de cuerdas tocaba. Es imposible salir de ahí sin una sonrisa.

En la Catedral, a veces hay recitales gratuitos o misas cantadas. No hace falta ser religiosos para emocionarse: la combinación de órgano, eco y ese frío que se cuela por las puertas crea una atmósfera única.

4. Paseos, miradores y callejuelas

El día siguiente fue de pateo. Empecé por la Fortaleza Hohensalzburg. Desde arriba, tejados nevados, el río Salzach como una cinta plateada y, al fondo, los Alpes. Postales vivas.

Luego bajé a perderme por Getreidegasse, la calle comercial más famosa, llena de letreros antiguos y escaparates cuidados al milímetro. Allí está la casa natal de Mozart (12 €), donde descubrí que su familia era más de música que de decoración.

Crucé el puente Makartsteg, ese de los candados, hacia los jardines de Mirabell. Incluso con nieve, tienen algo hipnótico. Me quedé un rato sentado viendo cómo la gente cruzaba apresurada con bolsas, mientras yo intentaba no sentir los pies congelados.

Para quienes tengáis más tiempo, una caminata hasta el Monasterio de los Capuchinos es muy recomendable. Menos turistas, buenas vistas y un silencio que, después del bullicio navideño, se agradece.

5. Comer para entrar en calor

Aquí descubrí que la comida no es solo para sobrevivir al frío, es casi una experiencia turística. El kasnocken (pasta con queso y cebolla crujiente) me salvó un par de veces del congelamiento, y el schnitzel tamaño mantelería es de esos que compartes… o después os echáis la siesta.

Mi momento favorito fue en un café junto al Salzach, viendo la nieve caer mientras atacaba una sachertorte (tarta Sacher), la tarta más famosa de toda Austria.

Para desayunar, no subestiméis los puestos callejeros: un pretzel recién hecho por 2 € os puede alegrar toda la mañana. Y si queréis algo más elaborado, buscad las panaderías que venden krapfen, un bollo relleno de mermelada que debería venir con advertencia de adicción.

Extra: Escapadas desde Salzburgo

Si tenéis más de dos días, no os quedéis solo en la ciudad. Una de las excursiones más populares es Hallstatt, ese pueblo que parece sacado de una postal. Se puede llegar en tren y barco  o en autobús en poco tiempo, y aunque es muy visitado, en invierno se disfruta más tranquilo.

Otra opción es cruzar a Alemania para visitar Berchtesgaden y el lago Königsee. Desde Salzburgo, hay buses directos en menos de una hora. Si os gusta la naturaleza, incluso en invierno los senderos cortos están abiertos y las vistas son impresionantes.

Salzburgo dependiendo del tiempo que tengas

Qué ver en Salzburgo en 1 día

  • Fortaleza Hohensalzburg y funicular.
  • Getreidegasse y casa natal de Mozart.
  • Mercado navideño de la Catedral (en diciembre).

Qué ver en Salzburgo en 2 días

  • Todo lo anterior.
  • Mirabell Gardens y Palacio Mirabell.
  • Concierto de música clásica.

Qué ver en Salzburgo en 3 días

  • Todo lo anterior.
  • Excursión a Hallstatt o a Berchtesgaden.
  • Monasterio de los Capuchinos y paseo junto al Salzach.

Salzburgo no es de correr. Es de callejear, oler, escuchar y dejar que el frío os empuje a un nuevo café o una cerveza. Incluso si venís solo un día, se disfruta. Pero si tenéis dos o tres, mejor: hay más rincones, más música y más excusas para perderse. Así fue: me perdí, encontré música, probé demasiados postres, bebí más cerveza de la prevista… y no me arrepiento ni un poco.

Ana Fernández de Tejada

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