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Campos de arroz de Bali: rutas secretas durante mi viaje y mejores vistas

Hacía años que soñaba con ver los famosos campos de arroz de Bali. La primera vez que me planté frente a las terrazas de Jatiluwih me quedé completamente sin palabras.

Durante mis tres semanas recorriendo Indonesia me di cuenta de que las terrazas de arroz de Bali no son únicamente uno de los paisajes más fotogénicos del país, sino que representan el corazón mismo de la cultura balinesa. Para muchos viajeros, los arrozales de Jatiluwih son los más auténticos y espectaculares, tanto que fueron declarados Patrimonio de la Unesco.

El sistema de riego tradicional, conocido como como Subak, es una auténtica maravilla que nació en el siglo IX y sigue funcionando a la perfección: cada terraza se llena con la cantidad justa de agua para después ir llenando las de más abajo. Lo más fascinante es que estos arrozales han sido cultivados durante siglos utilizando técnicas que se transmiten de padre a hijo. Aunque su propósito principal es alimentar a la población local, han creado un paisaje que te deja marcado. La tierra volcánica, el agua abundante y el clima cálido convierten a Bali en un lugar perfecto para el cultivo, permitiendo a los campesinos plantar arroz hasta tres veces al año.

Os voy a contar todo lo que descubrí sobre los mejores campos de arroz de Bali: desde los más famosos hasta rutas secretas que encontré por casualidad en mis caminatas.

1. Tegalalang: mi primera lección sobre horarios

A solo 15 minutos de UbudTegalalang es probablemente el arrozal más fotografiado de Bali. La primera vez que fui cometí el error de llegar a mediodía… ¡qué calor y cuánta gente! Aprendí la lección de la forma más dura: para disfrutarlo de verdad, hay que madrugar. Al amanecer, cuando apenas hay nadie, los tonos verdes se ven mucho más intensos y puedes hacer las fotos sin que aparezca nadie de fondo.

La entrada es gratuita, aunque los campesinos locales te pedirán pequeñas donaciones (entre 5.000 y 10.000 rupias) para acceder a ciertas zonas de las terrazas. Mi consejo: llevad billetes pequeños y sed generosos, al fin y al cabo estáis en su lugar de trabajo.

Durante el paseo encontraréis varios miradores estratégicamente ubicados para admirar las vistas. Muchos forman parte de cafeterías y restaurantes donde podéis tomar algo mientras contempláis el paisaje. Mi recomendación: probar un coco frío en uno de estos warung con vistas a los arrozales. Después del calor y la caminata, nos supo a gloria.

Y sí, también están esos famosos columpios de Bali. Como me dijo una chica local entre risas: «esto es el Disneylandia del postureo». No se equivocaba, así que si queréis huir de eso, alejaos un poco de la entrada y estaréis casi solos.

2. Jatiluwih: donde entendí el verdadero significado de «maravilloso»

Jatiluwih se encuentra en el distrito de Penebel, en la regencia de Tabanan (que resulta ser la mayor productora de arroz de Bali). Con sus 600 hectáreas, estamos hablando de la mayor extensión de campos de arroz de toda la isla.

«Jati» significa «realmente» y «luwih» significa «maravilloso» en balinés. Y desde luego, le hace honor a su nombre. Estos arrozales están situados a unas dos horas de Ubud, pero el viaje merece cada minuto. La entrada cuesta 40.000 rupias.

Su ubicación a 700 metros sobre el nivel del mar crea un microclima perfecto. La cercanía al monte Batu Karu garantiza que el agua llegue pura desde los manantiales de montaña, algo que se nota especialmente en la claridad de los reflejos que forman las terrazas.

Lo mejor de Jatiluwih es que puedes elegir entre diferentes rutas señalizadas (desde 1 hasta 4 horas) y disfrutar de un paisaje donde el verde predomina hasta donde alcanza la vista. Aquí tenéis las rutas marcadas según vuestro tiempo y ganas de caminar:

  • Circuito corto (Línea roja): 1,47 km / 1 hora
  • Circuito corto-mediano (Línea amarilla): 1,7 km / 1:20 horas
  • Circuito mediano (Línea blanca): 3,8 km / 2 horas
  • Circuito largo (Línea verde): 6,1 km / 3:30 horas
  • Circuito azul (Línea azul): 7,7 km / 4 horas

3. Gunung Kawi: cuando los templos se encuentran con los arrozales

Este lugar combina dos de mis grandes pasiones: los arrozales y los templos antiguos. Gunung Kawi es un templo del siglo XI con santuarios tallados en la roca, rodeado de exuberantes campos de arroz. Para acceder hay que bajar unas 315 escaleras (y luego subirlas, ¡ojo!), pero el esfuerzo compensa.

La entrada cuesta 10.000 rupias y para mí, es uno de los lugares con más energía de toda la isla. La combinación de la espiritualidad del templo con la belleza natural de los arrozales crea una atmósfera que no encontraréis en ningún otro lugar.

4. Tirta Gangga: mi descubrimiento en el este de Bali

El nombre ya te da una pista de lo especial que es este lugar: «Tirta» significa agua bendita y «Gangga» hace referencia a la diosa que controla el río Ganges en la India. Me fascinó descubrir que este palacio de agua fue construido en 1937 por el último rey de Karangasem, Anak Agung Anglurah, aunque algunas fuentes mencionan 1946 como fecha de construcción.

Lo que más me llamó la atención fue su diseño, que mezcla elementos de la cultura balinesa e india. El complejo tiene varias piscinas con duchas y fuentes decoradas con estatuas de dioses. Lo más curioso es que todo el sistema funciona sin electricidad, utilizando únicamente un antiguo sistema de riego tradicional.

La piscina principal me dejó boquiabierta: tiene escalones tallados y plataformas que simulan flores de loto, donde puedes caminar literalmente «sobre el agua» mientras enormes peces koi nadan bajo tus pies. Las estatuas talladas en piedra representan deidades hindúes y guardianes espirituales que protegen el agua sagrada.

Si Tirta Gangga es precioso, los campos de arroz que encontré en los alrededores fueron igualmente espectaculares. La ruta en coche hacia el templo de Lempuyang ofrece miradores naturales a extensas plantaciones de arroz, creando algunos de los paisajes más impresionantes del este de Bali.

Esta zona, cerca del volcán Agung, es una de las menos visitadas de la isla, lo que significa que podréis disfrutar de terrazas de arroz prácticamente vírgenes. Nada de multitudes ni columpios para Instagram.

Os recomiendo hacer una parada en alguno de los warungs con vistas a los arrozales de Bali. Yo me paré a tomar un café y unas bananas fritas mientras contemplaba estas terrazas verdes.

5. Campuhan Ridge Walk: mi descubrimiento cerca de Ubud

El sendero se encuentra a pocos minutos caminando desde el centro de Ubud, lo que lo convierte en una escapada perfecta si os alojáis en esta zona. Para encontrar el inicio, tuve que buscar el Puente Campuhan, junto al templo Gunung Lebah. Os confieso que no fue fácil dar con la entrada la primera vez (algo muy típico en mí), ya que no hay carteles muy visibles.

Una vez en el puente, hay que bajar unas escaleras de piedra que te llevan hasta un punto que me pareció mágico: la unión de dos ríos (Campuhan), considerado un centro sagrado de energía para los balineses. Sin duda, fue uno de mis rincones favoritos del recorrido. Las vistas del puente y las esculturas de piedra integradas entre la vegetación crean una atmósfera casi mística.

El verdadero encanto comienza cuando te alejas del bullicio de Ubud y te adentras en el camino. Lo que más me llamó la atención fue el contraste: pasas de estar en una calle llena de tráfico a sumergirte en un oasis de tranquilidad en cuestión de minutos.

El recorrido completo tiene unos 2 kilómetros de ida, lo que supone aproximadamente 3,7 kilómetros entre ida y vuelta. Durante el paseo me encontré con varios puntos destacados:

  • Colinas cubiertas de vegetación a ambos lados
  • Vistas panorámicas de los valles y campos de arroz
  • La famosa palmera «instagrameable» situada en medio del camino

Mientras caminaba por la cresta, disfruté de esos paisajes verdes, con vistas tanto del bosque como de los arrozales.

Si continuáis el sendero hasta el final, llegaréis a una zona con pequeños cafés y tiendas de artesanos locales en la que merece la pena hacer una pequeña parada y tomar algo disfrutando de las increíbles vistas. Terminé en el Karsa Cafe tomándome un riquísimo batido de aguacate con vistas directas a los arrozales. Merece cada paso del camino.

6. Sabak Juwuk Manus Trail: mi ruta secreta favorita

Esta es una de esas rutas que descubrí por casualidad, ya que fue un poco sobre la marcha. Empieza al lado del Starbucks en Jl Raya Ubud y dura entre 2 y 3 horas. La primera parte va por un bosquecillo hasta cruzar un río, pero después viene la magia: campos de arroz a ambos lados del sendero sin ni un solo turista a la vista.

Paré en el Sari Organik, un café orgánico escondido entre las terrazas donde me tomé un smoothie fresco mientras contemplaba el verde infinito.

7. Munduk: preciosos arrozales entre montañas y cascadas

En el norte de Bali, Munduk esconde terrazas de arroz menos conocidas pero igual de espectaculares. Lo especial aquí es la combinación: arrozales entre montañas brumosas y cascadas refrescantes. Caminé temprano por la mañana entre los campos, cuando la luz realzaba cada tono de verde y apenas había nadie más.

8. Canggu: el secreto mejor guardado

Mientras todo el mundo va directo a las playas de Canggu, yo descubrí que a pocos metros del océano se esconden pequeños arrozales que casi nadie conoce. La combinación del verde esmeralda con el azul del mar es algo que no había visto en ningún otro sitio. Este es uno de esos lugares que no salen en las guías pero que por su ubicación se me hace imprescindible.

Consejos para disfrutar al máximo los campos de arroz de Bali

Tras recorrer decenas de arrozales por toda la isla, he cometido mis errores y aprendido unos cuantos trucos que os ahorrarán tiempo y disgustos.

Mejor época para visitar los arrozales

¿Cuándo ir para ver los arrozales en todo su esplendor? Si buscáis buen tiempo, visitad los campos de arroz entre mayo y septiembre, cuando el clima es seco y perfecto para actividades al aire libre. Durante estos meses, junio y septiembre ofrecen menos turistas con clima igual de bueno. Sin embargo, para ver los arrozales en su verde más intenso, venid entre enero y marzo, coincidiendo con el final de la temporada de lluvias. Os recomiendo marzo y abril, cuando la planta está alta y a punto de cosecharse y las terrazas lucen espectaculares.

Qué llevar para una caminata cómoda

Llevad zapatillas o botas para los senderos y las zonas rocosas; si sois como yo y os metéis por senderos que no sabéis a dónde llevan, es importante llevar calzado cómodo. Imprescindibles en la mochila: ropa ligera, protector solar, repelente de insectos, una botella de agua y, por supuesto, la cámara (esto es imprescindible, sin duda). Otra cosa importante: llevad siempre billetes pequeños (de 1.000-5.000 rupias) para las «donaciones» que os pedirán los locales a lo largo de vuestro recorrido.

Respetad siempre las indicaciones y no piséis los cultivos aunque la foto sea tentadora. 

Lo que realmente significan los arrozales para los balineses

Durante mis días caminando entre las terrazas de arroz, algo me llamó profundamente la atención. Estos campos de arroz de Bali van mucho más allá de ser un paisaje bonito para las fotos.

El Subak: mucho más que un sistema de riego

El Subak es un sistema cooperativo de riego que surge en el siglo IX. La UNESCO lo reconoció como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2012, y después de ver cómo funciona, entiendo perfectamente por qué.

Cada red de irrigación está conectada a un templo del agua donde se realizan ofrendas a Dewi Sri, la diosa del arroz. Un agricultor me explicó que esto refleja el Tri Hita Karana, la filosofía balinesa que busca la armonía entre los humanos, la naturaleza y lo espiritual. 

El arroz: desde el plato hasta los dioses

Una cosa que me sorprendió mucho fue descubrir que «nasi», la palabra indonesia para el arroz cocido, también se refiere a una comida completa. Durante mi estancia, el arroz aparecía por todas partes: en el delicioso nasi goreng que probé en los warung locales, y también en las pequeñas ofrendas diarias que los balineses preparan cada mañana con montoncitos de arroz sobre hojas de plátano. Estas ofrendas son su forma de agradecer a los dioses por los alimentos y bienes que reciben.

La vida real en los arrozales

Lo que más me marcó fue contrastar las zonas turísticas con la vida en los arrozales. Durante mis caminatas por Jatiluwih, me impresionó ver la dedicación de los agricultores, trabajando meticulosamente bajo el sol ardiente.

Lejos del bullicio turístico, descubrí una Bali auténtica donde las personas son felices con lo poco que tienen y donde el cultivo del arroz sigue siendo el verdadero motor de la isla. Las terrazas de arroz de Bali no solo crean ese paisaje que todos conocemos, sino que moldean completamente la vida de sus habitantes.

Cada terraza de arroz que visité me regaló algo diferente: la postal perfecta de Tegalalang, la tranquilidad de Jatiluwih... Lo mejor es ver cómo estos paisajes cambian según la época del año y la hora del día.

¿Os animáis a descubrirlos? Os espera una Bali auténtica, verde y llena de vida que no olvidaréis jamás.

Ana Fernández de Tejada

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