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Qué ver en Lombok en 4 días: cascadas, playas y pueblos con alma

Hay lugares que parecen quedarse un poco a la sombra de sus vecinos más famosos… hasta que los visitas. Eso me pasó con Lombok, justo al este de Bali, separada por apenas media hora de ferry, pero con un carácter completamente distinto. Aquí todo se mueve más despacio, los templos se mezclan con arrozales infinitos y las sonrisas son tan amplias como las vistas al volcán Rinjani.

Llegamos buscando un poco de calma, pero también algo de aventura. Cuatro días después, nos fuimos con los pelos despeinados por el viento de la moto, las piernas cansadas de caminar entre arrozales y una sonrisa que todavía me dura.

Cómo llegar a Lombok

Si os estáis preguntando dónde está Lombok, la isla se encuentra al este de Bali y forma parte del archipiélago de las Islas de la Sonda. Llegar no tiene complicación, aunque hay que armarse de un poco de paciencia.

Podéis hacerlo de dos formas: en avión o en ferry. Desde Bali, hay vuelos diarios (unos 30 minutos) hasta el aeropuerto de Praya, en el sur. Varias aerolíneas locales, como Wings Air o Citilink, suelen ofrecer precios muy asequibles (rondan los 30-40 €).

Si preferís viajar a Lombok por mar, los ferris salen del puerto de Padangbai y llegan a Lembar en unas 4-5 horas (coste aproximado de 60.000 rupias, unos 3,5 €). Otra opción más rápida es el fast boat desde Bali o desde las islas Gili, que tarda entre una y dos horas dependiendo del mar.

Nosotros veníamos precisamente de Gili Air, así que en apenas una hora ya estábamos pisando Lombok, listos para descubrir qué ver en esta isla todavía poco masificada.

Qué ver en Lombok

Dividimos el viaje en dos partes muy distintas: los dos primeros días los pasamos en la zona del Rinjani y el norte de Lombok, entre montañas y cascadas; y los dos últimos en Kuta Lombok, donde las playas parecen sacadas de una película.

Día 1: Llegada al norte y primeras cascadas

Nada más llegar, pusimos rumbo hacia el norte, a la zona de Senaru, donde se encuentra el majestuoso volcán Rinjani. No, no hicimos la subida al cráter (son tres días de trekking y un buen fondo físico), pero sí exploramos los alrededores, que son una maravilla por sí solos.

Durante esta parte del viaje vimos muchos alojamientos diferentes, pero terminamos decidiéndonos por el Rinjani Lodge, un alojamiento absolutamente espectacular, con vistas al valle y a las montañas, donde el amanecer parece pintado a mano. Despertar con el sonido de los pájaros (y algún que otro macaco danzando por los tejados) y la niebla subiendo por las laderas era una pasada, la verdad.

El primer día nos levantamos temprano y lo dedicamos a visitar las cascadas de Sendang Gile y Tiu Kelep, dos de los lugares más mágicos que ver en Lombok. El camino hasta la primera cascada es sencillo, unos 20 minutos de paseo entre árboles altísimos, riachuelos y algún que otro macaco de cola larga que se pasa a saludar.

Sendang Gile es más pequeña, pero perfecta para la primera parada. Allí mismo hay un puestecillo que lleva una familia local donde podréis comprar algún snack. Luego viene lo mejor del paseo: otros 30 o 40 minutos de caminata, cruzando riachuelos y alguna piedra resbaladiza, hasta llegar a Tiu Kelep, una cortina de agua de más de 40 metros que ruge entre la vegetación.

La bruma te empapa al instante y el frescor es una delicia. Yo acabé completamente mojada —por torpe y por feliz—, pero os juro que mereció la pena. El lugar es espectacular.

Tras esto, volvimos al pueblo donde está el hotel, que tiene varias opciones para comer, y comimos en el Dragonfly Warung, donde comimos uno de los mejores pollos del viaje (en Indonesia quedé obsesionada con este plato… ¡cómo estaba siempre de rico!). Los que lo llevaban además eran muy majos, incluso escuchamos un poco de música local que tocaba uno de ellos de manera un poco informal.

Después de comer decidimos ir a descansar un poco al hotel, quedarnos en la piscina observando las impresionantes vistas y tomarnos una cerveza en una pequeña barra que tienen y que da a la selva.

Para cenar, bajamos un poco la carretera para ir al Restaurante Achita, que cuenta con música en directo por las noches y donde puedes tomarte algo o bien cenar.

Día 2: Pueblos tradicionales y vistas al Rinjani

A la mañana siguiente nos dirigimos hacia Sembalun, un pueblo rodeado de colinas verdes y plantaciones de fresas. El camino en sí ya es precioso, con curvas que se asoman a los valles.

En Sembalun hicimos una pequeña caminata por los alrededores para disfrutar de las vistas al volcán Rinjani, y luego paramos en una granja local donde puedes recoger fresas frescas (si vais temprano, mejor). No esperéis las fresas perfectas del supermercado: son pequeñas, dulces y saben a campo.

Cerramos el día viendo cómo el sol caía detrás del Rinjani, acompañados por una Bintang, y con ese silencio tan particular que solo tienen las montañas.

Día 3: Rumbo al sur, hacia Kuta Lombok

Después de tanto verde, tocaba mar. Así que ese día lo dedicamos a cruzar la isla hacia el sur, unas cuatro horas de coche desde Senaru hasta Kuta Lombok. Las carreteras no son malas, pero las curvas y los baches hacen que el trayecto se tome con calma.

Kuta es un pueblo costero que ha crecido bastante rápido, sobre todo desde que se instaló aquí el circuito de MotoGP de Indonesia. Aun así, aún conserva cierto aire relajado (aunque tiene pinta de que por poco tiempo). Lo primero que hicimos fue pasar por el hotel a dejar las cosas y picar algo rápido para comer. Nos alojábamos en el hotel Rawa Lombok, muy cómodo por su situación, limpio y con un desayuno buenísimo.

Tras asentarnos en Kuta, fuimos a alquilar una moto (80.000 rupias al día, unos 5 €) para movernos por libre. Es la mejor forma de explorar el sur sin depender de nadie, porque además en Lombok no hay tráfico, no es como Bali (donde no lo recomiendo para nada).

Por la tarde nos acercamos a Tanjung Aan, una playa inmensa y espectacular de arena blanca y agua turquesa. Subimos al famoso Bukit Merese, que es el mirador perfecto para ver la puesta de sol. Allí arriba soplaba un viento curioso, pero la vista —esas colinas verdes cayendo al mar turquesa— compensaba cualquier despeinado.

Cenamos en el centro de Kuta, donde hay muchos warungs (restaurantes locales) con buena comida y precios imbatibles y también sitios más adaptados al extranjero. Esa noche decidimos darnos un homenaje en El Bazar Cafe & Restaurant, donde tenéis que pedir los gambones (son un lujazo).

Día 4: Playas del sur y pueblos sasak

El último día lo dedicamos a recorrer las playas de los alrededores de Kuta. Empezamos por Mawun Beach, una bahía tranquila rodeada de colinas. El agua es tan clara que ves los peces nadando junto a ti, así que imaginad si ya lleváis gafas para bucear (esto lo recomiendo 100 %).

Luego fuimos a Selong Belanak, una playa ancha y perfecta para aprender a surfear (not for me). Pero bañarte y estar tranquilo en una playa así, merece la pena, creedme.

Antes de volver, hicimos una última parada en el pueblo tradicional de Sade, a unos 20 minutos de Kuta. Es una aldea sasak donde las familias aún viven en casas de bambú y barro. Se paga una donación libre (unos 50.000 rupias, 3 €), y los guías locales te cuentan cómo construyen las casas y mantienen sus tradiciones. Puede parecer algo turístico, pero me pareció una buena forma de despedirnos de la isla y hacer un plan diferente.

Otros lugares que ver en Lombok

Si os sobra algún día, no lo dudéis: Lombok tiene cuerda para rato. Al este, por ejemplo, está la curiosa Pink Beach, una playa que debe su nombre a los diminutos fragmentos de coral que tiñen la arena de un tono rosado. Lo mejor es ir al atardecer, cuando el sol le da ese brillo que parece irreal.

En el lado opuesto de la isla, Sekotong guarda playas casi desiertas y aguas tan claras que apetece quedarse flotando toda la tarde. Es una zona menos turística, perfecta si buscáis algo más salvaje y sin música de chiringuito de fondo.

También merece la pena acercarse a Benang Kelambu, una cascada escondida entre la selva que parece una cortina de seda cayendo entre las hojas, o al pueblecito de Tetebatu, en las faldas del Rinjani, donde los arrozales se mezclan con plantaciones de cacao y el tiempo avanza sin prisa.

Y si después de todo eso aún os pica el gusanillo del mar, desde el puerto de Bangsal podéis tomar una barca hacia las islas Gili. Tres puntitos en el mapa —Air, Meno y Trawangan— donde los días se miden por puestas de sol y no por horas.

Consejos prácticos para viajar a Lombok

  • Mejor época: De mayo a octubre, durante la estación seca.
  • Transporte: Moto para moveros por el sur; coche con conductor para ir de una zona a otra.
  • Entradas: Las cascadas y pueblos tradicionales suelen tener tarifas simbólicas (entre 10.000 y 50.000 rupias), aunque hay veces que son gratis (no sé de qué depende muy bien, la verdad).
  • Moneda: Rupia indonesia (IDR). Llevad efectivo, muchos sitios no aceptan tarjeta, esto no es Bali.
  • Cuánto tiempo en Lombok: Os recomiendo un mínimo de 4-5 días para combinar norte y sur sin prisas.
  • Ropa: Ligera, pero llevad chubasquero si vais en temporada húmeda.

Si os preguntáis qué ver en Lombok, la respuesta es sencilla: cascadas escondidas, playas salvajes y la vida local en su forma más pura. No tiene el glamour de Bali, pero sí algo mejor: alma. ¿Por qué? Pues porque aún no tiene la masificación y el desarrollo de Bali, y eso hace que sea mucho más auténtico.

Y es que a veces buscamos destinos espectaculares y pasamos por alto los que simplemente son auténticos. Lombok, lo bueno, es que tiene ambas.

Ana Fernández de Tejada

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