Hay países que se descubren a golpe de monumento… y luego está Alemania, que se revela en los detalles. En un tren que sale a su hora exacta, en el olor a pan recién hecho un domingo por la mañana o en una conversación improvisada con desconocidos en una cervecería. Viajando por allí fui apuntando pequeñas cosas que me sorprendieron, me hicieron reír o, simplemente, me dejaron pensando: “esto solo podía pasar en Alemania”.
Aquí os dejo mis 20 datos curiosos favoritos, contados como los viví.
1. En Berlín hay más puentes que en Venecia
Curioso, ¿verdad? Berlín tiene más de 1.700 puentes, una cifra que deja a Venecia muy por detrás. Algunos son industriales, otros románticos y otros apenas se notan, pero todos cuentan una parte de la historia de la ciudad. Si hacéis un crucero por el río, os pasaréis media hora cruzando bajo ellos. Y sí, contadlos si queréis… aunque perderéis la cuenta antes de llegar al centro.
2. La aspirina, el coche y el MP3 nacieron aquí
Que Alemania en industria ha sido históricamente de los países más fuertes lo sabemos todos, pero seguro que justo estos tres no los conocíais. La aspirina fue desarrollada por Bayer, el automóvil moderno por Karl Benz (sí, el de Mercedes, claro) y el MP3 por ingenieros de la Universidad de Erlangen. Cuando lo piensas, te das cuenta de que media vida cotidiana se inventó aquí. Y no exagero.
3. La puntualidad no es un mito (y lo aprendí a la fuerza)
En un país donde los trenes salen a la hora exacta, no hay excusa que valga. En Berlín llegué dos minutos tarde al tren regional y se marchó delante de mí, con toda la calma del mundo. Si planeáis viajar en tren por las ciudades más bonitas de Alemania, creedme: sed puntuales. Lo agradeceréis.
4. Hamburgo cuenta con el mayor distrito de almacenes del mundo
Entre las curiosidades de Alemania, destaca que el Speicherstadt, en Hamburgo, es el distrito de almacenes más grande del mundo y Patrimonio de la Humanidad. Está construido sobre pilotes de madera, cruzado por canales y con ese olor a humedad y café tostado que nunca se olvida. Lo recorrí un día nublado, con el paraguas en la mano, y os prometo que pocas veces un sitio me pareció tan cinematográfico.
5. En Alemania se paga un “impuesto religioso”
Días después, ya en Múnich, cenando en una de las Augustiner en una mesa corrida, coincidí con una pareja local con quienes me puse a charlar (esto es bastante habitual). Me contaron algo que me dejó con la copa de cerveza en el aire: si declaras pertenecer a una religión, pagas un impuesto a la Iglesia. Sí, lo leéis bien, es un dato curioso de Alemania. Se descuenta directamente de la nómina y va destinado al mantenimiento del culto correspondiente. Si decidís “daros de baja”, os libráis del pago, pero también perdéis el derecho a bodas o funerales religiosos. Me pareció una mezcla muy alemana de fe y burocracia: creer… con recibo.
6. Otra curiosidad de Alemania: Los relojes de cuco se inventaron aquí
Resulta que los famosos relojes de cuco nacieron casi por accidente, en Alemania. A mediados del siglo XVIII, un carpintero empezó a tallar pequeñas cajas de madera con un pájaro que salía a cantar las horas (en un principio no tenían reloj como tal, solo cantaban las horas), sin saber que estaba dando vida a uno de los símbolos más emblemáticos del país.
En los pueblos de Triberg o Schonach todavía se fabrican a mano, siguiendo la técnica tradicional, que apenas ha cambiado en tres siglos. Algunos talleres permiten asomarse y ver el proceso completo, y os aseguro que merece la pena. El tic-tac, el olor a madera y el canto del cuco… pura precisión alemana, pero con alma artesanal.
7. Neuschwanstein, el famoso castillo, se construyó sin permiso oficial
Uno de los datos curiosos de Alemania más llamativos es que el castillo de Neuschwanstein se construyó sin permiso oficial. El rey Luis II de Baviera lo levantó a escondidas del parlamento, inspirado por sus sueños románticos. Hoy es uno de los lugares más visitados del país y el más fotografiado de Baviera. Las vistas desde el puente Marienbrücke son de las que se quedan grabadas.
8. El Oktoberfest empieza en septiembre
Sí, otra clásica curiosidad de Alemania que lleva a malentendidos. El Oktoberfest de Múnich arranca a mediados de septiembre y termina el primer domingo de octubre. Dura unos 16 días, y entre el ruido de las bandas, las risas y las jarras de un litro, lo que más sorprende es la organización: cada carpa funciona como un pequeño mundo. Y por cierto, el litro de cerveza ronda los 13 €.
9. El Día de la Cerveza se celebra el 23 de abril
Ese día rinden homenaje a la Ley de Pureza de 1516, que dice que la cerveza solo puede llevar agua, cebada, lúpulo y levadura. En ciudades como Múnich o Bamberg lo viven como una fiesta popular: las calles huelen a codillo asado, la música suena sin descanso y los brindis se multiplican. Yo acabé celebrándolo con un grupo de locales, y entendí que en Alemania la cerveza no se bebe: se celebra.
10. Cuentan con más de 3.000 tipos de pan
Sí, tres mil. Si sois amantes del pan, preparaos. En Friburgo me sirvieron un desayuno con seis variedades distintas: uno oscuro y crujiente, otro con pasas y un tercero tan tierno que se deshacía entre los dedos. Aún recuerdo el olor de la mantequilla derritiéndose sobre la miga caliente. En Alemania, el pan no es acompañamiento: es identidad. Y cada región jura que el suyo es el mejor. Puede que tengan razón.
11. Tienen más de 1.500 tipos de salchichas
En Alemania, la salchicha no es comida rápida, es cultura. Hay más de 1.500 variedades: la Bratwurst, la Currywurst o la Weißwurst, que solo se come antes del mediodía. En Núremberg la sirven en miniatura, en panecillos diminutos. Si vais, buscad los puestos callejeros: son el auténtico museo gastronómico alemán.
12. La calle más estrecha del mundo está en Reutlingen
Reutlingen esconde uno de los datos más curiosos de Alemania, un pequeño pueblo de Baden-Württemberg, está la Spreuerhofstraße, una calle de apenas 31 centímetros de ancho. Cuando pasé por allí, no pude evitar girarme de lado para cruzarla. Es tan estrecha que hay señales de “entrada y salida” para que no se atasque la gente. De lo más surrealista.
13. La catedral de Ulm es la más alta del mundo
Subir los 768 escalones de la torre de la Catedral de Ulm no es una visita, es entrenamiento. Con 161,5 metros, sigue siendo la más alta del planeta (y este es un dato que no se conoce tanto, la verdad). Yo me quedé a mitad, lo confieso, pero la vista ya era de vértigo (en el buen sentido): el Danubio como una cinta plateada, los tejados apretados abajo y, al fondo, los Alpes asomando tímidos. Hasta el viento parecía calculado.
14. El domingo, día de silencio
En Alemania, el domingo no es para hacer recados: es para no hacer ruido. El famoso Ruhetag—literalmente “día de descanso”— esconde una curiosidad de Alemania que prohíbe taladrar, aspirar, poner música alta o incluso lavar el coche.
Al principio choca, sobre todo si venís de ciudades donde todo está siempre abierto, como es mi caso en Madrid. Pero luego llega esa calma extraña, casi contagiosa, y entiendes que aquí descansar es una obligación… y una de las costumbres más humanas que he visto nunca.
15. Los perros pueden entrar en casi cualquier sitio
Una de las cosas que más me gustó del país: los perros son bienvenidos casi en todas partes. En cafés, tiendas y transportes públicos (excepto donde se manipula comida). Incluso hay “aparcamientos” para perros a la puerta de supermercados. En Berlín vi un Golden Retriever esperando pacientemente con su correa atada a un gancho, como si fuera lo más normal del mundo.
16. Reciclar es (casi) religión
En Alemania no solo separan el papel, el vidrio y el plástico: separan tipos de plástico. Yo, que me considero bastante aplicada, tardé tres días en entender el sistema del Pfand, ese de las botellas retornables que devuelves en el súper y te reembolsan unos céntimos.
17. Autopistas sin límite de velocidad
Esta es, posiblemente, una de las curiosidades de Alemania más conocidas: las famosas Autobahn son, posiblemente, unas de las carreteras más fáciles de conducir del mundo: ordenadas, sin excesivo tráfico y muy, muy amplias (no como en Italia, por ejemplo). Hay tramos donde no hay límite de velocidad, sí, pero la gente conduce con una calma y seguridad que ya querrían muchos países. La carretera es casi un espacio de confianza mutua. Y creedme, se nota.
18. Baños públicos… de pago
Hay cosas que uno aprende en el momento más inoportuno, y esta fue una de ellas. En Alemania, los baños públicos —ya sea en estaciones, centros comerciales o áreas de servicio— suelen costar entre 50 céntimos y 1 euro. A cambio, están impolutos: huelen a limpio, tienen papel de sobra y algunos incluso te devuelven parte del importe en forma de cupón para gastar en la cafetería. Eso sí, llevad siempre monedas encima.
19. Las tiendas cierran los domingos
En Alemania los horarios de apertura se asemejan a los de hace años en España: el domingo es intocable. Solo las panaderías madrugan unas horas (no muchas) para servir a los clientes con uno de sus miles de tipos de pan y bollos que huelen a gloria. Si viajáis en fin de semana, planificad las compras, porque luego no hay vuelta atrás. A mí me pilló una vez en Múnich, con la nevera vacía… y (vaaaya…) tuve que cenar en una cervecería.
20. Berlín y Hamburgo son dos de las ciudades más verdes de Europa
Entre los datos curiosos de Alemania, este me sorprendió: Berlín y Hamburgo están entre las ciudades más verdes de Europa. ¿Por qué? Porque cuentan con parques enormes, lagos dentro del casco urbano y, a veces, incluso ciervos en los alrededores.En el Tiergarten de Berlín me crucé con ardillas y patos, y ese silencio que solo tiene el verde cuando manda sobre el ruido. Una naturaleza que respira dentro de la ciudad.












