Tras dos días visitando Innsbruck, quería ver la ciudad desde arriba, desde esa línea de montañas que siempre parece observarla. El Nordkette brillaba cubierto de nieve y yo no podía resistirme. Así que en pleno diciembre, con el frío calándome hasta los huesos y la ilusión calentándome por dentro, me lancé a vivirlo.
Llegar al punto de partida fue casi un juego: desde el centro de Innsbruck se tarda apenas unos minutos andando hasta la estación del funicular Innsbrucker Nordkettenbahnen, y ya solo la entrada, con sus formas futuristas diseñadas por Zaha Hadid, te mete en ambiente. Yo iba con gorro, bufanda y la cámara lista, porque intuía que aquello iba a dar de sí.
Si tenéis la Innsbruck Card, os entra el funicular, así que os recomiendo cogerla 100%, porque para lo que cuesta, merece mucho la pena (no como en otras ciudades).
Si no os decidís a comprar la Innsbruck Card, el billete combinado que cubre todo el trayecto (funicular + teleférico hasta Hafelekar) cuesta unos 38 euros ida y vuelta para adultos. Hay descuentos para familias y si solo subís hasta Seegrube, el precio es más bajo. Consejo: comprad el ticket online con antelación, así os ahorráis colas y aseguráis plaza, sobre todo en fines de semana.
La primera subida en el funicular al Nordkette es rápida y suave, pero ya notas cómo la ciudad va quedando pequeña, con sus tejados cubiertos de nieve y el río Inn serpenteando entre luces. Y, lo confieso, me dio un poco de vértigo mirar hacia atrás.
Primera parada: Hungerburg
En menos de diez minutos estaba en Hungerburg. Allí muchos aprovechan para dar un paseo por el barrio, que tiene un mirador estupendo sobre la ciudad. También hay un pequeño mercadillo de Navidad en esas fechas (no tan turístico como el del centro) donde huele a canela y a salchichas recién hechas. AUnque llevaba ya muchos días de mi ruta por los Alpes Austriacos y Alemanes, no pude resistirme. Yo piqué con un pretzel calentito antes de seguir.
Subida a Seegrube: el corazón del Nordkette
El teleférico que lleva a Seegrube se desliza sobre el bosque nevado hasta más de 1.900 metros de altura. Allí todo se abre: un mirador inmenso sobre Innsbruck y montañas extendiéndose hasta perderse.
En Seegrube podéis elegir:
- Los que practican esquí, en Nordkette salen disparados a las pistas, bastante empinadas y con fama de exigentes.
- Los que buscan calma (como yo) y son más de senderismo, se quedan en la terraza panorámica a admirar las vistas y hacen alguna ruta alrededor de la estación (hay varias fáciles y muy vistosas).
Yo me animé con un pequeño recorrido circular de menos de una hora, con vistas al valle y bancos de nieve que parecían azúcar glas (después descendería la montaña hasta la ciudad de nuevo, cosa que recomiendo 100%). Lo bueno de esta parada es que combina las dos cosas: si vais en grupo, algunos pueden esquiar y otros pasear o simplemente quedarse tomando algo.
Un detalle curioso: en Seegrube hay tumbonas en la nieve para sentarse al sol, con mantas. El contraste entre el aire helado y el calorcito en la cara es una maravilla, sobre todo si hace sol. Yo me cogí una buena cerveza helada que posé en la nieve (así se mantiene perfecta) mientras disfrutaba de las vistas en una de sus tumbonas.
Top of Innsbruck: Hafelekar
El último tramo, hasta Hafelekar, es breve pero mágico. En pocos minutos alcanzas los 2.300 metros y de repente estás en “el techo de Innsbruck”. Allí el aire es puro y cortante, y cada paso hace que la ciudad parezca un mapa en miniatura.
Desde Hafelekar salen varias rutas de senderismo. En invierno están cubiertas de nieve y conviene llevar buen calzado, pero os recomiendo al menos caminar hasta la cumbre cercana (unos 20-30 minutos). El sendero zigzaguea entre rocas y nieve, con un viento que casi me arranca el gorro, pero la recompensa es brutal: el panorama del valle del Inn a un lado y el Karwendel, con sus picos afilados, al otro.
Comer en el Nordkette
Después de tanto frío, me refugié en el restaurante de Seegrube. Nada sofisticado, pero un buen goulash caliente sabe a gloria cuando llevas la nariz roja y los dedos medio congelados. También podéis probar un Tiroler Gröstl (patatas, carne y huevo frito), contundente como para no necesitar cenar.
Los precios son los típicos de estación de montaña (plato principal entre 12 y 18 euros), pero la terraza panorámica justifica pagar un poco más. Eso sí, yo cometí el error de pedir vino caliente pensando que entraría en calor… y confirmé que no me gusta nada. Mejor una cerveza local o un café.
El descenso: volver caminando hasta Innsbruck
Aquí viene lo curioso: en lugar de bajar en teleférico, hice el camino entero a pie hasta Innsbruck. El tramo final, desde Hungerburg, discurre por un sendero perfectamente señalizado que atraviesa bosques nevados y en menos de una hora te devuelve al corazón de la ciudad. Es un recorrido precioso, con vistas ocasionales a los tejados blancos y el murmullo del río acompañando de fondo.
La clave estuvo en ir bien preparada: botas impermeables, ropa en capas y guantes calentitos. Gracias a eso lo disfruté sin problemas, caminando cómoda y con la sensación de ir cerrando el día paso a paso. El contraste fue mágico: dejar atrás la calma de la montaña e ir entrando poco a poco en el bullicio urbano. Llegué a Innsbruck con las mejillas rojas de frío, una sonrisa enorme y un hambre de campeonato, directa a por una sopa en un gasthaus del centro.
Consejos prácticos para subir al Nordkette
- Cómo llegar al Nordkette: desde el centro de Innsbruck camináis 5-10 minutos hasta la estación del funicular (cerca del Congreso). El billete combinado hasta Hafelekar ronda los 38 euros.
- Horarios: en invierno el primer funicular suele salir sobre las 8:00 y el último regreso desde Hafelekar es hacia las 16:30-17:00. En verano hay servicio hasta más tarde.
- Qué hacer en el Nordkette: rutas fáciles en Seegrube, subir al Hafelekar, esquiar si os animáis (las pistas tienen fama de ser duras), o simplemente disfrutar del mirador con un café.
- Comida: no os perdáis un plato caliente en Seegrube. La terraza panorámica es una pasada.
- Mi recomendación: subid con calma, disfrutad de cada tramo, y si podéis bajad caminando.
- Extra: en verano se pueden hacer rutas más largas de senderismo o incluso parapente. En invierno, aseguraos de llevar calzado impermeable y ropa en capas.












