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Kitzsteinhorn: experiencia en las montañas de Salzburgo

Subí un día de diciembre, de esos que parecen inventados para el invierno. Durante mi ruta por los Alpes Austríacos y Alemanes tomé como base Mittersill y, desde allí, decidí acercarme al Kitzsteinhorn, con ganas de nieve, vistas y esa sensación de estar en la montaña de verdad. Os diré que fue una de esas decisiones que parecen improvisadas y acaban marcando un viaje.

Al llegar a Mittersill me alojé en la Haus Kropf, una casa de huéspedes sencilla, con cortinas de flores y un desayuno de los de toda la vida: pan casero, mermelada y café que olía a refugio. La primera impresión del pueblo fue la de un lugar que se guarda para sí mismo el encanto: calles tranquilas, luces navideñas colgando de balcones de madera y ese olor a chimenea que te acompaña incluso cuando no hay nadie en la calle. Todo en calma, hasta que me puse las botas y cogí rumbo al glaciar.

Cómo llegar al Kitzsteinhorn

Desde Mittersill tenéis varias formas de llegar. Yo tomé el autobús que conecta con Kaprun en unos 40 minutos. Sale cada hora y cuesta unos 4 €, así que es cómodo y barato. Desde Kaprun, lo normal es subir en teleférico: primero el Gletscherjet y luego otro tramo que os lleva casi hasta la cima. El billete de subida y bajada cuesta alrededor de 48 € (2019), aunque si lleváis el pase de esquí está incluido.

Eso sí, preparaos para el cambio de temperatura: en el valle había un frío soportable, pero al subir al glaciar Kitzsteinhorn el viento cortaba hasta las pestañas. Nada que un buen gorro y guantes no solucionen.

Qué hacer en el Kitzsteinhorn

Miradores a 3.000 metros

La gran atracción es el Top of Salzburg, el mirador a 3.029 metros. Nada más salir del teleférico me encontré con una pasarela metálica y, de frente, un mar de montañas nevadas. La vista impresiona, y enseguida entiendes por qué todo el mundo quiere llegar hasta allí arriba. Eso sí, el viento pega fuerte, así que tenedlo en cuenta si sois frioleros.

Un detalle práctico: el acceso está incluido en el ticket del teleférico, y suele estar abierto de 8:30 a 16:00. Id temprano porque, a partir del mediodía, el sol empieza a caer y la sensación térmica baja en picado.

Senderismo invernal

Muchos piensan que el Kitzsteinhorn es solo para esquiar, pero hay rutas de senderismo señalizadas incluso en invierno. Yo hice un pequeño tramo desde la estación intermedia hasta un refugio, siguiendo un sendero nevado que crujía a cada paso. No era largo, pero suficiente para sentirme dentro del paisaje y, sobre todo, para alejarme del bullicio de los esquiadores. ¿Lo mejor? Que en cada curva os encontráis con una postal distinta.

El glaciar Kitzsteinhorn

Caminar sobre el glaciar fue una de esas experiencias que no olvidas. Esa mezcla de hielo azulado y nieve recién caída tiene algo hipnótico. No hace falta ser alpinista: hay pasarelas y zonas habilitadas, así que cualquiera puede asomarse sin riesgo. Eso sí, llevad calzado adecuado; vi a más de uno resbalando con sus deportivas de ciudad.

Cuevas y exposiciones

En el interior de la montaña hay túneles con exposiciones sobre la historia de los glaciares y la fauna alpina. Entré más por curiosidad que por otra cosa y acabé agradeciendo el calorcito interior. Son paneles sencillos, pero ayudan a poner en contexto lo que uno está pisando: millones de años de hielo y roca.

Comer en el Kitzsteinhorn

Aquí viene la parte en la que, como siempre, caí en la tentación. Tras el paseo por el glaciar me refugié en un restaurante de la estación. Pedí una salchicha y una cerveza helada y después un Kaiserschmarrn que no tenía fin: trozos de tortita esponjosa con azúcar glas y compota de ciruela. No era barato (unos 12 €), pero os prometo que no me supo caro. Y, sinceramente, ¿qué mejor plan que comer mirando a un mar de montañas nevadas?

Consejos prácticos

  • Ropa: varias capas, gorro y guantes. No subestiméis el viento en el glaciar.
  • Mejor hora: primera hora de la mañana, cuando hay menos gente y la luz es más clara.
  • Entrada: teleférico desde Kaprun, unos 48 € subida y bajada.
  • Alojamiento: Mittersill es un buen punto base; casas de huéspedes más baratas que en Kaprun.
  • Comida: no os vayáis sin probar un Kaiserschmarrn en alguno de los restaurantes de altura.

Salí de allí con los labios resecos por el frío y la cámara llena de fotos. Y pensé, medio en broma: si el invierno tiene un lugar donde se siente en mayúsculas, ese es el Kitzsteinhorn.

Ana Fernández de Tejada

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